Imagina tu cerebro como un coche muy sofisticado, con un motor de precisión, mandos de última generación y capaz de alcanzar los 300kms/horas en segundos
Ese Ferrari es tu cerebro y tú estás al mando conduciéndolo. Según la ansiedad que necesites en cada momento le metes más o menos velocidad. También frenas y te relajas cuando lo necesitas.
Normalmente vas a una velocidad calmada, en plan tranquilo y relajado. Otras aceleras algo para una exposición en publico, un partido de baloncesto, un examen, una actuación. Y de manera muy excepcional pisarás a fondo el pedal de aceleración para afrontar situaciones críticas como un accidente, una guerra, alguien queriendote hacer daño…
Este es el Ferrari de nuestro cerebro, un bólido con altísimas prestaciones que vamos a usar para explicar cómo funciona la ansiedad y todos los mecanismos implicados.
1. El pedal de aceleración y el de freno
El freno y aceleración están integrados dentro del Sistema Nervioso Autónomo (SNA) un sistema muy avanzado de nuestro coche que se encarga de que el motor funcione sin que tú tengas que preocuparte por ello. Regula automáticamente tu respiración, tu ritmo cardíaco, la sudoración o la tensión muscular.
Dentro de él hay dos sistemas principales, como los dos pedales de un coche, el acelerador y el freno
🟢El acelerador: el sistema nervioso simpático
El pedal de aceleración es el que activa tu cuerpo cuando percibe peligro o reto. Aumenta el pulso, la tensión, la respiración… te prepara para actuar, huir o defenderte. ➡️ Es el responsable de esa sensación de “nervios” o “subidón” cuando tienes ansiedad.
Así que cuando pisas el pedal del acelerador el coche responde con fuerza: aumenta el pulso, se tensan los músculos, respiras más rápido, compites, piensas más rápido, luchas, te concentras en el examen. Es un pedal creado hace cientos de miles de años y con unos niveles de prestación impresionantes.
Este pedal por lo tanto prepara al organismo para la acción en situaciones de desafío, retos o peligro y que cómo vimos en este capítulo desencadena la respuesta de «lucha o huida». Esta respuesta incluye el aumento del ritmo cardíaco y respiratorio, la dilatación de las pupilas, la liberación de glucosa para obtener energía y la inhibición de la digestión, dirigiendo los recursos del cuerpo hacia tareas más urgentes.
(Aquí tenéis un vídeo sobre acelerar y frenar creado y montado en Filmoterapia)
🟠El freno: el sistema nervioso parasimpático
El pedal del freno es el que relaja y recupera el cuerpo después del esfuerzo. Baja el ritmo cardíaco, favorece la digestión y el descanso, y devuelve la calma. ➡️ Es el sistema que te ayuda a frenar, respirar y recuperar equilibrio.
El freno es el sistema nervioso parasimpático (SNP) de nuestro cuerpo. Su función es devolver el coche a la calma: baja el pulso, relaja el cuerpo, equilibra la respiración, facilita el sueño. Por lo tanto es la encargada de las funciones de «descanso», promoviendo la relajación, conservando energía y restaurando el cuerpo
Cuando aceleramos de más y no sabemos frenar: la ansiedad desadaptativa
En condiciones normales ambos pedales trabajan en equilibrio: pisas el acelerador ante un reto y después usas el freno para volver a la calma, en este caso la ansiedad sería sana porque nos ayuda a adaptarnos a cualquier reto, desafío o peligro de manera efectiva y luego recuperarnos bien.
Pero en la ansiedad desadaptativa este equilibrio entre los dos pedales se rompe. El acelerador (sistema nervioso simpático) se activa demasiado fácil, incluso sin peligro real. O es muy sensible y te acelera de golpe, o te mantiene el coche a una velocidad excesiva
El freno (sistema nervioso parasimpático) a su vez responde tarde o con poca fuerza. No desacelera bien y no es capaz de disminuir velocidad.
Esta ansiedad desadaptativa puede aparecer u de manera desproporcionada en situaciones concretas o surgir con demasiada frecuencia, intensidad o sin motivo claro. En lugar de impulsar, bloquea; en vez de preparar, paraliza. Su efecto ya no es protector, sino limitante.
El resultado es un coche con una potencia descomunal que pierde el control ante cualquier pequeña curva, que corre demasiado aunque la carretera esté vacía, o que se mantiene constantemente a una velocidad altísima muchas horas e incluso días seguidos, provocando que el motor se empiece a reventar por algún lado.
Vamos a ver algún ejemplo trasladable a nuestra vida cotidiana
El Coche que corre demasiado (hiperactivación constante)
“Siempre con el pedal pisado.”
Ejemplos:
Persona que no puede desconectar nunca: trabaja, responde mensajes, revisa todo y siente culpa si descansa.
Estudiante que repasa hasta las 3 a.m. por miedo a suspender aunque ya lo sabe todo.
Deportista que entrena sin descanso, incluso lesionado, por miedo a “perder el ritmo”.
Padres o madres que se sienten culpables si no están productivos todo el día.
Gente que planifica cada minuto del futuro para no sentir incertidumbre.
El que pierde el control ante cualquier obstáculo (reacciones desproporcionadas)
“Cualquier bache en la carretera parece un precipicio.”
Ejemplos:
Un comentario neutro de un compañero se vive como una crítica dolorosa.
Un pequeño retraso o cambio de planes genera un ataque de nervios.
El corazón se dispara por un simple ruido o una notificación del móvil.
Ansiedad intensa ante situaciones sin peligro real: coger el metro, hablar con desconocidos, hacer una llamada.
El que se le recalienta el motor (estrés mantenido, agotamiento, no saber parar)
“Mantener 180 km/h durante días sin parar acaba fundiendo el motor.”
Ejemplos:
Insomnio persistente, contracturas, bruxismo o dolor de estómago.
Sensación de no poder parar la mente: “pienso todo el rato, incluso soñando.”
Irritabilidad constante, saltar por cualquier cosa.
Sensación de que “ya no llego” o “me voy a romper”.
Episodios de ansiedad o depresión después de meses de sobrecarga.
Cuando el motor se revienta (crisis o colapso)
“El cuerpo dice basta.”
Ejemplos:
Ataques de pánico sin motivo aparente.
Baja médica por agotamiento psicológico.
Bloqueos mentales o físicos (“me quedo paralizado, no puedo moverme”).
Llanto, desconexión emocional o sensación de vacío.
Necesidad urgente de parar o huir de todo.
Aprendiendo a conducir
¿Se puede aprender a usar de manera óptima los pedales del freno y el acelerador de nuestra ansiedad? Sí, se puede. Quitando circunstancias, genética o la biografía de cada persona, puedes conseguir que vayas en tu Ferrari optimamente y la velocidad (ansiedad) te funcione de manera fluida, acorde a cada momento.
¿Qué hay una curva peligrosa o un coche que se cruza? Pisas un poco más y el coche reacciona. ¿Que no llegas al examen? Metes más velocidad. Esta ansiedad te mantiene alerta, con los sentidos despiertos, y te ayuda a llegar a tu destino con más seguridad.
Este tipo de ansiedad aparece en momentos concretos, está vinculada a un desafío real y ayuda a rendir mejor. Está ajustada a la situación y nos puede ayudar a afrontarla mejor.
Pero si tu coche va a trompicones, no sabes frenar, el acelerador se queda atascado o se mantiene demasiado tiempo pisado incluso sin motivo….Si el motor ruge demasiado y el coche va demasiado rápido, entonces conducir así deja de ser seguro: el coche se descontrola, puedes perder el rumbo, gastar demasiada energía y poner en riesgo tu viaje.
Así que aprender a acelerar y frenar es la base para conseguir una ansiedad adaptativa, esa que impulsa sin desbordar. Pero recordemos que nuestro cerebro está diseñado para moverse entre activación y calma, entre el acelerador (SNA simpático) y el freno (SNA parasimpático). El equilibrio no consiste en eliminar la ansiedad, sino en regularla conscientemente: saber cuándo necesitamos más energía y cuándo es momento de parar.
A veces hay que acelerar: concentrarse, asumir un reto, hablar en público, rendir en un examen, tomar decisiones rápidas. En esas situaciones la ansiedad es una aliada, nos da foco y empuje.
Pero también hay que saber frenar: reconocer el cansancio, descansar sin culpa, respirar, desconectar del trabajo, dormir bien, soltar el control.
Dominar estos pedales —el de la activación y el de la calma— es lo que nos permite vivir con intensidad y plenitud, pero sin quemarnos.
👉 En los próximos capítulos veremos cómo entrenar esa autorregulación: ejercicios físicos, mentales y emocionales para fortalecer tanto el acelerador como el freno de nuestra ansiedad
2. 🟢🟡🟠🔴 Los niveles de ansiedad (el cuadro de mandos)
Seguimos recorriendo nuestro coche y nos paramos ahora en el cuadro de mando, justo en las luces de aviso en donde sabremos si nuestra ansiedad fluye de manera óptima o nos está quemando el coche. Yo hablo en consulta de nivel verde, amarillo, naranja o rojo de ansiedad. Cuatro luces que nos indican si la ansiedad es sana o se está convirtiendo en un problema.
Así que en el coche tienes un cuadro de luces que te avisa de cómo andas de ansiedad. El objetivo aquí es saber leer bien estas luces, reconocer los síntomas y ser consciente de en que punto estamos, porque mucha gente no reconoces estas señales, no las ve o incluso las tapa cómo Homer Simpson en esta mítica escena.
Veamos a continuación estas cuatro luces del cuadro de mando y que nos señalan:
🟢 Nivel Verde – Ansiedad adaptativa, funcional
Descripción: activación normal y saludable. Aumenta la energía, la concentración, la atención y la motivación.
Ejemplos:
Nervios antes de un examen o una charla que te hacen prepararte mejor.
Aceleración leve antes de una cita importante o una entrevista.
Un deportista concentrado antes de competir.
Estar algo más alerta al conducir de noche o con lluvia.
Revisar bien un trabajo antes de entregarlo por responsabilidad, no por miedo.
—
🟡 Nivel Amarillo – Ansiedad moderada, sobrecarga inicial
Descripción: la activación empieza a ser alta; aún se puede controlar, pero hay tensión física o mental.
Ejemplos:
Dificultad para dormir o pensamientos repetitivos antes de un evento importante.
Revisar varias veces si has cerrado la puerta o enviado un correo.
Sentir presión constante por hacerlo todo “perfecto”.
Evitar alguna situación puntual (una reunión, una llamada) por miedo al error.
Sensación de cansancio mental o palpitaciones leves sin causa grave.
—
🟠 Nivel Naranja – Ansiedad alta, desadaptativa
Descripción: el sistema está sobrecargado, aparecen síntomas intensos y conductas de evitación.
Ejemplos:
Bloqueo o quedarse en blanco en un examen o presentación.
Taquicardias, mareos o respiración acelerada sin peligro real.
Evitar sistemáticamente lugares, personas o actividades que generan ansiedad.
Pensamientos obsesivos difíciles de frenar.
Dolor muscular o tensión continua sin causa médica clara.
—
🔴 Nivel Rojo – Ansiedad extrema o crisis
Descripción: el cuerpo y la mente colapsan; se pierde el control o la capacidad funcional.
Ejemplos:
Ataque de pánico: sensación de muerte inminente, falta de aire, miedo intenso.
Incapacidad de salir de casa o realizar tareas básicas por miedo.
Crisis de llanto, bloqueo total o parálisis física por ansiedad.
Ansiedad generalizada que impide trabajar, dormir o disfrutar de nada.
Somatizaciones graves (vómitos, desmayos, opresión intensa en el pecho).
Reconocer los niveles de ansiedad es fundamental para mantener el equilibrio emocional y físico.
El cuerpo siempre avisa, el problema es cuando ignoramos las señales o las normalizamos. Cuando somos conscientes de que el nivel de ansiedad empieza a subir —de verde a amarillo— tenemos margen para actuar a tiempo: parar, descansar, respirar, reorganizar el día, hablar de lo que nos preocupa o buscar apoyo profesional. En esos niveles iniciales la ansiedad aún es funcional y se puede reconducir fácilmente.
Si, en cambio, dejamos que avance hasta el naranja o el rojo, el cuerpo ya está saturado. La mente se bloquea, el sueño se altera, y el sistema nervioso se queda atrapado en modo “alerta”. En ese punto cuesta mucho más bajar la activación: ya no basta con relajarse un rato, sino que suele hacer falta un cambio de ritmo profundo o incluso terapia para recuperar el equilibrio.
Detectar las señales tempranas —tensión, insomnio leve, pensamientos repetitivos, falta de concentración— es una forma de autocuidado inteligente. Porque cuanto más conozcamos cómo funciona nuestro cuerpo, nuestro estilo y nuestros síntomas de estrés o ansiedad , más sabremos abordarlo con tiempo.
(Aquí tenéis un vídeo sobre los niveles de ansiedad creado y montado en Filmoterapia)
La ansiedad es una de las experiencias humanas más universales. Todos en algún momento hemos sentido su presencia: la agitación antes de un examen, el sudor frío en una entrevista de trabajo, el […]
En al anterior artículo sobre la metáfora de la ansiedad y Ferrari hemos visto los pedales y el cuadro de luces de advertencia pero falta lo más importante: el motor. Ese motor no […]
A partir de la colaboración de expertos en cine, coaches, psicólogos y psicoterapeutas,
hemos desarrollado una herramienta basada en el cine (y series) aplicable al coaching y a la terapia.
Utilizamos cookies para asegurar que damos la mejor experiencia al usuario en nuestra web. Si sigues utilizando este sitio asumiremos que estás de acuerdo.