«Bienvenido a la cultura que celebra el ajetreo y el trabajo sin parar. Es una cultura obsesionada con el esfuerzo, incansablemente positiva, sin sentido del humor y en cuanto empiezas a notarla queda claro que está en todas partes.“Rise and grind”, levántate y esfuérzate, es el tema de una campaña publicitaria de Nike y el título del libro de uno de los empresarios inversores de Negociando con tiburones (Shark Tank). Las empresas de medios emergentes como The Hustle, que produce un popular boletín de negocios y una serie de conferencias, y One37pm, glorifican la ambición no como una forma de alcanzar un fin, sino como un estilo de vida.No es suficiente aguantar tu empleo ni siquiera que te guste. Los trabajadores deben amar lo que hacen y después demostrar ese amor en las redes sociales, con lo que prácticamente fusionan sus identidades con las de sus empleadores.» (La desgracia de los millenials que aman su trabajo, Erin Griffith)
El otro día leí un artículo en donde hablaba de cómo los millennials se desvivían por su trabajo llegando a permitir, promover e incluso disfrutar la esclavitud laboral a la que estaba sometidos en una espiral muy peligrosa. Y me hizo reflexionar sobre cómo nuestra sociedad distorsiona cada vez más nuestra idea de felicidad. Vivimos una época en donde el sistema capitalista y su ansia patológica de conseguir más y más se ha apoderado de toda nuestra vida. Es un mal cada vez más endémico que cualquier terapeuta está cansado de ver en consulta (por ejemplo cada vez se ven más jóvenes que explotan de ansiedad debido a esos trabajos que tanto “aman”). La sociedad actual ha inflamado de tal manera nuestra competitividad individualista que roza en muchas ocasiones la codicia, la falta de perspectiva, el perfeccionismo y el egoísmo. Se ha distorsionado por completo lo que significa tener éxito porque nuestra brújula personal, aquella que nos dice que es lo es importante para nosotros o lo que nos hace felices se ha averiado y apunta solo a la palabra éxito.
Un éxito que no solo es aplicable al trabajo, es aplicable hoy en día a cualquier área de nuestra vida y aunque mucha gente se cree que es libre porque cree que elige su vida (“He elegido la vida que tengo”) o se ha desmarcado del materialismo (“No necesito comprarme un bolso de marca para ser feliz”) nos hemos instalado en una telaraña mucho más peligrosa, la necesidad de éxito para ser feliz. Los ejemplos de esta telaraña del éxito son infinitos: En nuestra individualidad tenemos que ser los más diferentes comprando el último IPhone, siguiendo la última tendencia o poniéndonos tatuajes sin fin. En nuestras experiencias vitales debemos conseguir lo que nadie ha conseguido (viajando como posesos, haciendo un marathon o escalando el Everest). En nuestra salud debemos cuidarnos de manera obsesiva tomando brebajes mágicos o siguiendo dietas imposibles. En nuestra belleza debemos estar siempre implacables y ser siempre jóvenes aunque sea luchando brutalmente contra el paso de los años. Y todo bien aderezado de redes sociales y tener muchos likes y seguidores. Nuestra vida se debe al Dios del triunfo y la ambición, porque da igual la palabra que pongamos encima de la mesa que estará postrada a la dictadura del éxito: familia, trabajo, amor, coaching, delgadez, inteligencia, creatividad, normalidad, bienestar, metas…todo hasta llegar a la felicidad, un término que también ha caído en las garras de la avaricia patológica y se ha distorsionado por completo.
Todas las variables que confirman la compleja ecuación de la felicidad se han tachado en la sociedad actual y solo ha quedado una (y encima distorsionada): la variable de las metas se ha convertido en la variable del éxito.Y claro, si apuestas todo a una variable corres el riesgo de convertir toda tu vida en una carrera angustiosa que nunca te llevará a ningún lado, ni siquiera al paraíso prometido que pueden ofrecerte las nuevas religiones actuales, aquellas que ponen al éxito en el altar como la única forma de alcanzar la gloria.
Nuestra felicidad no significa tener éxito en nada, más bien el éxito es saber ser feliz en la vida. Pase lo que nos pase, aunque no seamos exitosos ni ns guste nuestro trabajo. Aunque no sepamos que es un gimnasio y tengamos barriguita. Aunque seamos normalitos, prefiramos el beicon a las semillas de Chía y de vez en cuando tengamos alguna crisis vital. Aunque apenas viajemos, no hagamos nada por nuestra belleza y no seamos tan súper creativos como los demás. Aunque no nos siga nadie en Instagram, vayamos en chándal y nos hayamos divorciados. Podemos no tener éxito en nada de esto y aún así seremos felices. Enhorabuena entonces, quieres decir que finalmente has tenido éxito en la vida.
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3 comentarios
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Maravilloso
Realmente maravilloso
Me alegra ver que todavía hay mucho bueno que ver en Internet.
A partir de la colaboración de expertos en cine, coaches, psicólogos y psicoterapeutas,
hemos desarrollado una herramienta basada en el cine (y series) aplicable al coaching y a la terapia.
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Me alegra ver que todavía hay mucho bueno que ver en Internet.