Editada por HODGSON & BURQUE psicólogos

Filmoterapia

Cine, coaching y psicología

El proceso de duelo en Manchester frente el mar

Manchester frente al mar

Lee Chandler es un hombre amargado, solitario y encerrado en sí mismo que se ve obligado a regresar a su pequeño pueblo natal tras enterarse de que su hermano Joe ha muerto. Allí se reencuentra con su sobrino de 16 años del que tendrá que hacerse cargo legalmente a petición de su hermano en su herencia. Una situación inesperada y muy estresante para Lee porque el hecho de volver Manchester (así se llama esta pequeña villa costera a una hora de Boston) le obligará a tocar terribles heridas y enfrentarse a un pasado trágico que le llevó a separarse de su esposa Randi e irse de la comunidad en la que nació y creció. Manchester frente al Mar es la historia de varios procesos de duelo que se entrecruzan, sobre todo la de un hombre que ha vivido una pérdida terrible en su vida y que apenas tiene recursos emocionales para avanzar en su duro proceso de duelo. El duelo es un proceso muy natural en el ser humano para afrontar pérdidas pero a veces es largo, duro y complicado, lleno de riadas de emociones muy negativas que provoca que a veces nos sintamos totalmente desbordados y nos inmovilicemos temporalmente en la vida. La pérdida de seres queridos provoca el dolor más punzante y continuado que podemos llegar a sentir en la vida y más si ocurre en las circunstancias que vive Lee Chandler (por cierto, soberbia actuación de Casey Affleck)

El otro día escuché a un psiquiatra por la radio, hablaba sobre un accidente con muertos por la zona en la que vivo y afirmó sin inmutarse que los familiares de los fallecidos nunca se recuperarían. Lo dijo y el hombre se quedó tan ancho, sin matices ni nada, articulando una frase muy de la sociedad actual: el ser humano no está hecho para sufrir, hay situaciones que nunca podremos superar y solo las pastillas nos “parchearán”. Escuchar estas palabras salir de la boca de un profesional es bastante indignante porque una de las cosas que más definen al ser humano es esa capacidad infinita de recuperarse ante situaciones muy críticas, una capacidad evolutiva que ayudó a nuestros antepasados a afrontar pérdidas constantes y habituales (gran mortalidad infantil, esperanza de vida de 30 años, hambrunas, depredadores, guerras…). Una capacidad que ha llegado hasta nuestro días y que la tenemos de serie, porque el proceso de duelo es parte de este rastro evolutivo, una curación emocional de heridas durísimas y cuyo objetivo final es aceptar plenamente la pérdida y seguir hacia adelante. Incluso existen términos como la resilencia o el crecimiento postraumático, dos elementos estudiados hace relativamente poco desde la psicología y que refuerzan la idea de que somos mucho más fuertes de lo que creemos al poder afrontar adversidades por dura que sea, salir hacia adelante e incluso crecer como personas.

Manchester frente el mar nos propone una historia en la que ese psiquiatra calificaría con un diagnóstico implacable y muy negativo , incluso con más contundencia que sus palabras en la radio: 0 posibilidades de salir a delante. Pero de nuevo no tiene porqué ser así, la película nos hace un retrato muy realista y sin “rosismos” de alguien que sufre una pérdida terrible en la vida (me recuerda a la francesa Hace mucho que te quiero), con muy pocos recursos emocionales y que aún así sigue hacia adelante, hundido en el mayor de los infiernos al principio, a trompicones luego y evolucionando milímetro a milímetro durante toda la película, pero sigue hacia adelante. Debido a la muerte de su hermano y a tener que volver forzadamente a su pueblo natal, Cassey Affleck se ve obligado a abrir el sucio e infectado vendaje con la que había tapado su borboteante herida. Es un guión crudo como la vida misma que no habla de finales felices ni de recuperaciones milagrosas, sino de un proceso de duelo difícil, terrible, tumultuoso, devastador… pero posible. Muy interesante también la contraposición del sobrino, que ha perdido a su padre (y sin madre desde hace años) y que con 16 años afronta un duelo que por supuesto no es tan devastador como el de su tío pero que lleva de una manera realmente sana gracias a (nos imaginamos) la educación emocional que recibió de su padre, una persona equilibrada y con altos niveles de inteligencia emocional. La relación entre los procesos del duelo de tío y sobrino ( y la de su ex mujer) son la clave de la película y que recomendamos para entender un poco más la maravillosa y dolorosa) capacidad que tenemos de recuperarnos ante situaciones críticas.

Categoría: Films analizados

Etiquetas: Duelo, Emociones negativas, Familia, Inteligencia emocional, Padres e hijos, Perdon

Etiquetas de cine: Análisis película, Cine americano, Dramas, Largometrajes

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