FILMOTERAPIA - Tu blog sobre cine y terapia

Blue Valentine (cine y desamor)

Mayo 18th, 2012

Esta semana en filmoterapia damos la bienvenida a un nuevo colaborador, Jorge Antonio Quindimil López y proponemos su excelente crítica de la película Blue Valentine ( y sobre el desamor a través de las oscuras lentes del cine). Que lo disfruteis.

“El cine y desamor”, por Jorge Antonio Quindimil López.

El amor hace girar el mundo con la misma fuerza creadora con la que el desamor impulsa el cine. Entre las mejores películas de todos los tiempos, cualquiera que sea la lista que consultemos, difícilmente encontraremos alguna película cuyo único leitmotiv sea el amor sano, inmaculado, en estado puro, salvo alguna sobresaliente excepción como Luces de la ciudad (1931).

Pero el verdadero cine de amor es, en realidad, un cine de amor patológico. “Ya sabe usted lo exagerado que es el amor. Una patología tentadora y gratificante en muchos momentos, pero siempre deja su poso de hiel” (Amanece que no es poco, 1988). Y, probablemente, el mejor cine de amor patológico sea el cine de desamor. Todos hemos aprendido del amor y sus patologías a través del cine (“Mi padre solía llevarme mucho al cine, y aprendía” –Scarface, 1983-), con películas sobre amores imposibles (El fantasma y la señora Muir, 1947) o amores prohibidos (Los puentes de Madison, 1995), sobre la renuncia (Casablanca, 1942), la traición (Perdición, 1944), el engaño (Perversidad, 1945), los celos (Que el cielo la juzgue, 1945), el desprecio (El desprecio, 1963), la insatisfacción (Breve encuentro, 1946), la obsesión (No amarás, 1988) o el amor furtivo (El último tango en París, 1972). Lecciones inolvidables de amor y desamor que nos recuerdan, con Fellini, que “el cine, si se hace bien, regala pequeños fragmentos de vida que nunca olvidarás” (Amarcord, 1973).

Algunos de esos pequeños fragmentos de vida imposibles de olvidar se esconden en una pequeña obra maestra del cine indie, una joya llamada Blue Valentine (2010), que es la escogida en esta ocasión para abordar la patología del amor por excelencia: el desamor. Etimológicamente, el desamor es la “falta de amor o amistad” (RAE), pero lo entendemos en el sentido del proceso de evanescencia o desvanecimiento de un amor que termina por desaparecer. Ahora bien, no debemos ver esta definición, necesariamente, como un spoiler de la película sobre cuyo desenlace nada diremos, como es evidente.

Blue Valentine aborda con brillantez y con valor el proceso de deterioro y paulatina pérdida del amor en una joven pareja, Cindy (Michelle Williams) y Dean (Ryan Gosling). La película empieza con la voz rota de una niña (Frankie) llamando a gritos en un solitario claro de bosque a su perra desaparecida. Esta inquietante escena marca el premonitorio inicio de una historia que nos desgarra el alma con toda una lección magistral sobre lo fácil que es enamorarse y lo difícil que es amar.

Esta primera escena concentra de forma magistral la esencia de una historia cuya evolución iremos siguiendo como observadores, casi voyeurs, pero sin que en ningún caso nos sintamos extraños o ajenos, sino más bien al contrario nos lleva a la empatía con los protagonistas de modo tal que nos sentimos identificados con ellos y con su historia. En los títulos de crédito, Dean sostiene un cartel en el que nos pregunta, mirándonos fijamente: “IS THIS YOU?????”. De este modo, al igual que ha hecho durante toda la película, el director consigue perforarnos el alma con la idea de que Cindy y Dean luchan contra el desamor de igual modo que hemos tenido que hacer o que haremos nosotros mismos. Quizá la clave de la fuerza emocional de esta película esté en el realismo de su mensaje elevado a la categoría de verdad absoluta: el desamor, al igual que el amor, acecha detrás de cualquier puerta.

La intensidad de las interpretaciones alcanza momentos de una crudeza emocional sólo apta para corazones curtidos. A esta crudeza contribuye la fuerza de la historia, que gira en torno a la idea de que “el amor es la cosa más triste del mundo cuando se acaba, dice una canción de Jobim” (Hable con ella, 2002). En efecto, el pulso del director Derek Cianfrance y, sobre todo, la desgarradora interpretación de Michelle Williams y de Ryan Gosling se han combinado para crear una cinta inolvidable en lo cinematográfico e inquietante en lo sentimental. Recuérdese además que no sólo la pareja protagonista estuvo conviviendo durante un mes para preparar los papeles –tras haber rodado las escenas pertenecientes a los flashbacks, como veremos-, sino que en el caso de Michelle Williams su propio drama personal contribuyó a la intensidad emocional de la cinta y todo lo que la rodea, pues el rodaje, inicialmente previsto para la primavera de 2008, tuvo que ser retrasado por la muerte de Heath Ledger (1979-2008), marido de la actriz y padre de su única hija.

Por ello, y a pesar de ser una película de amores a primera vista, no estamos ante una película apta para románticos idealistas que crean en el amor eterno -si es que aún quedan crédulas o crédulos de esta especie-, sino que se trata de una historia sobre amor de carne y hueso, amor que hiere y amor que duele –“you always hurt the one you love…” nos advierte el tema principal de la película-. Blue Valentine es, sobre todo, una película para amantes moribundos, sí, pero inasequibles al desaliento a pesar de mil corazones rotos. Ahora bien, más allá, su fuerza dramática sitúa la esperanza en el amor rayana en su último aliento, pues no nos deja la sensación de una historia de segundas oportunidades, sino que nos crea la angustia de una historia de últimas oportunidades. No esperemos, por tanto, amor eterno, sino amor adulto.

La estructura de la historia está articulada en torno a dos líneas argumentales, pero delicadamente hilvanadas, comenzando por la etapa del desamor, que ocupa el núcleo y el momento presente de la relación, seguida por la etapa del amor, que se integra en la primera parte a modo de flashbacks que nos remontan a los instantes en que surge el amor. Los flashbacks permiten enfatizar el deterioro y la involución de la pareja –como sucede de forma brillante en las secuencias finales-, pero resultan insuficientes para entender la causa que determina el punto de inflexión entre ambas etapas. Quizá sea una laguna en el argumento, pero en todo caso contribuye a aumentar la sensación de angustia y de peligro del espectador, pues convierte al desamor en una amenaza invisible que puede aparecer en cualquier momento, en cualquier lugar y por cualquier razón.

Tanto la historia como los propios personajes están construidos en torno a la idea del antagonismo entre el amor y el desamor como recurso sutil, pero efectivo, para acentuar las emociones. La eficacia del antagonismo se elevó a la categoría de obra maestra en Amanecer (1927), con la que Blue Valentine también guarda algún significativo paralelismo. En efecto, en ambas películas el contraste entre lo urbano y lo rural se utiliza de forma alegórica para enfatizar el dilema sentimental y hasta moral de sus protagonistas. En Amanecer, el desamor que amenaza a la feliz pareja del campo (también joven y también con un hijo) proviene de una mujer que trata de embaucar al hombre para que abandone el campo por la ciudad. En Blue Valentine, la pareja se conoce y se enamora en Nueva York, donde se desarrollan todos los flashbacks que nos hablan de su etapa de amor; pero su matrimonio se celebra en el Estado de Pensilvania al que se se desplazan a vivir en una casa en el campo, y donde tiene lugar toda la etapa de desamor. El propio director acentuó el contraste mediante la técnica de rodaje, utilizando Súper 16mm para las escenas de amor en Nueva York y cámara digital RED para las escenas de desamor en Pensilvania.

El antagonismo es llevado al extremo por los propios protagonistas de la historia, entre sí y consigo mismos, tanto en su aspecto físico –sobre todo la transformación de Ryan Gosling es impresionante tomando como modelo, por cierto, el aspecto real del propio director Cianfrance- como, sobre todo, en su interior. Cindy aporta el nivel intelectual y la estabilidad laboral, pero también la encontramos cautiva de una gran inseguridad emocional revelando una constante desconfianza en sí misma y en el futuro de la relación. Desde la primera escena Cindy apenas transmite amor, pasión o alegría, ni con su hija ni con su marido. Apenas sonríe. En ella vemos con claridad que “una mujer sin amor es como una flor sin sol… se marchita” (Amélie, 2001). A ello se suma su escasa capacidad o voluntad de esforzarse por sacar adelante la relación y la familia, acechada además por la tentación de otros hombres. Ella representa el miedo, la inseguridad, la desesperanza, el lado oscuro del corazón.

Por su parte, Dean es el antagonista perfecto de Cindy. En lo profesional, no tiene formación, no tiene un trabajo estable y, sobre todo, no tiene ambiciones. Y quizá aquí podamos encontrar una de las causas del desamor como revela una escena en el hotel al que la pareja se va para tener tiempo para ellos solos (nótese que tienen que elegir entre dos habitaciones, “La cueva de Cupido” y “La habitación del futuro”, y no se quedan en aquélla si no en ésta). Esta intensa escena nos recuerda que “el amor y la amistad están hechos de admiración, y la verdad es que yo no te admiro” (Besos robados, 1968).

A su vez, en lo personal, es un dechado de virtudes familiares y sentimentales, mostrando, también desde la primera escena, su capacidad y su voluntad de sacrificio como esposo y como padre, tanto en la etapa de amor como en la de desamor. Esta capacidad de sacrificio queda incluso sutilmente reflejada en el tatuaje de su hombro izquierdo inspirado en el libro The Giving Tree (1962), de Shel Silverstein, que es un cuento infantil sobre, precisamente, el sacrificio que supone darlo todo por alguien. Así, Dean representa la lucha, el sacrificio, la seguridad, la esperanza en el amor.

Dijo Francis Ford Coppola que Apocalypse Now (1979) no es una película sobre la guerra de Vietnam, sino que es Vietnam. Lo mismo podemos decir de Blue Valentine, porque no es una película sobre el desamor, sino que es desamor en estado puro. Blue Valentine es, así, la historia de todas nuestras vidas, donde el amor y el desamor conviven peligrosamente. Pero en la vida, al igual que en el cine, terminamos aprendiendo que “quizá el amor no lo sea todo para el éxito de un matrimonio” (El cuarto poder, 1952).

En fin, del mismo modo que “se vive y se sufre” (Ladrón de bicicletas, 1948), también se ama y se sufre, lo que nos lleva a la inquietante lección final de Blue Valentine que encontramos en el tema principal de su banda sonora: “You always hurt the one you love, the one you shouldn´t hurt at all… So if I broke your heart last night, it´s because I love you most of all…”.

BLUE VALENTINE (2010, Derek Cianfrance)

SINOPSIS Dean y Cindy llevan juntos seis años, en los que ha florecido una apasionada historia de amor, han tenido una hija juntos y han decidido casarse. Ahora su amor empieza a desmoronarse: Cindy ha perdido interés por la relación, y en un intento por juntar las piezas y reconstruir lo que habían construido juntos, Dean propone ir a pasar la noche a un hotel temático, donde eligen la “habitación del futuro”. Desde este futuro, que Dean y Cindy difícilmente podían haber intuido años atrás, iremos conociendo la historia de esta pareja, desde cómo se conocen, a cómo un amor se va forjando, vive su apogeo y empieza a deteriorarse irremediablemente. Una historia de personajes cuidadosamente construidos, que va desvelando a través de estampas del pasado y del presente el misterio de por qué incluso las relaciones más esperanzadoras e intensas pueden irse al traste, en un viaje emocional que hace que dos personas ya nunca vuelvan a ser las mismas. (FILMAFFINITY)

Tres Colores:Rojo

Mayo 11th, 2012

Comenzamos esta semana un especial sobre la trilogía de  Krzysztof Kieślowski, Tres colores: Azul, Blanco y Rojo, 3 películas que conforman una alegoría de lo que significa cada color de la bandera francesa: Libertad (Azul), Igualdad (Blanco) y Fraternidad (Rojo). 3 historias que se pueden ver de manera independiente y que nos gustan mucho en filmoterapia por explorar la psique de sus personajes de manera tan profunda y humana.

Vivoleyendo nos propone un análisis de la última parte de la trilogía, Tres colores: Rojo (insistimos que no existe un orden necesario) con su siempre excelente manera de diseccionar cada película. Que lo disfruteis.

Tres colores: rojo (Krzysztof Kieslowski, 1994)

SINOPSIS Valentina, una joven estudiante que se gana la vida como modelo, salva la vida de un perro atropellado por un coche. La búsqueda de su dueño la conduce a un juez jubilado que tiene una extraña obsesión: escuchar las conversaciones telefónicas de sus vecinos. Si antes el espionaje telefónico formaba parte de su trabajo, ahora se ha convertido en un vicio. A Valentina le desagrada la conducta del hombre, pero no puede evitar ir a verlo. (FILMAFFINITY)

“La mirada lúcida de un juez que se juzga a sí mismo”, por Vivioleyendo.

Notable análisis de las obsesiones, la soledad, el desengaño, el azar, los juegos del destino, las ilusiones en sus distintas etapas (el inicio luminoso, los golpes que las hacen añicos, la amarga resignación a su pérdida y el nuevo despertar tras una larga aridez) y la juventud enfrentada cara a cara con la madurez. Gran parte del peso recae sobre un Jean-Louis Trintignant subyugante y soberbio, a quien Kieslowski concedió la oportunidad de brillar con el que muy posiblemente fuese el mejor papel que ha desempeñado. Tras haberlo seguido en películas rodadas unos treinta años antes, como la filosófica y reflexiva “Mi noche con Maud” y el precioso drama romántico “Un hombre y una mujer”, y confesarme una enamorada de este más que interesante y cautivador actor, vuelve a dar la talla en su interpretación de un intrigante e hipnótico “voyeur” a las puertas de la vejez.


Por su parte, Valentine (Irène Jacob) aporta sus años jóvenes, su belleza y su frescura en confrontación y acusado contraste con la carga de los años y de las amarguras que pesan sobre el personaje de Trintignant, que le da la réplica apropiada para que ambos personajes se complementen como las dos partes de un todo complejo, turbador y catártico.
Los detalles como la costumbre de Valentine de jugar cada mañana una única partida en la máquina tragaperras representan un ritual que para ella posee una importancia que no tiene que ver con la ludopatía, sino con una especie de señal del destino. La ganancia o la pérdida no suponen para ella mero azar, sino que ocultan indicios de que la suerte flirtea para bien o para mal con su propia vida, y en cada partida perdida o ganada ella ve signos de que algo fundamental va a ocurrir o a cambiar.
Dichos detalles no resultan triviales, y la observadora cámara se ocupa de que no los pasemos por alto y los deja a nuestra interpretación.
La relación intergeneracional que se desarrolla coloca frente a frente a dos personas que se encuentran en distintos momentos del camino que es la vida. La joven estudiante y modelo con éxito profesional pero con una vida privada surcada de fantasmas familiares y vacío y decepción en el plano sentimental, dulce y deslumbrante y con muchos anhelos aún intactos. Y el casi anciano juez retirado, ermitaño y sumido en un retiro absoluto en el que no encuentra más aliciente que ser testigo subrepticio de las vidas ajenas que se desarrollan a su alrededor. Joven apasionamiento y madura experiencia se toman de la mano para forjar un nuevo camino de aprendizaje, aceptación, intercambio, liberación y ternura.


Hondo análisis sobre la fragilidad de los sueños y las quimeras, sobre lo quebradizo que es el mundo que construimos en torno a nosotros bajo las premisas de la ceguera, la vanidad y la soberbia que nos impiden prepararnos para la caída, y sobre la suerte y las casualidades que tienen a bien jugar con nosotros.
Nada hay seguro. Todo para llegar a la conclusión de que somos piezas en el gran tablero de este universo fascinante, en el que todo se renueva y se repite cíclicamente: las alegrías, los triunfos, las tristezas, las tragedias, las desilusiones, los errores y los fracasos.

Sexo, cine y (nada de) estrés

Mayo 4th, 2012

¿El estrés disminuye el sexo o el sexo disminuye el estrés?, ante esta pregunta tan paradójica es difícil responder correctamente, quizás la respuesta acertada sean las dos a la vez, la ansiedad y preocupaciones diarias afectan a nuestra líbido y relaciones sexuales pero también comprobamos a menudo lo bien que nos sienta el sexo en nuestra vida. La buena noticia es que los beneficios del sexo en el ser humano son infinitos y si lo enriquecemos podemos lograr que no se vea afectada por el estrés, y lo que es mejor, que sirva para sentirnos mejor en nuestra vida. Esta semana en filmoterapia proponemos 9 pasos y 9 escenas de cine para enriquecer, fortalecer y activar nuestra vida sexual para que nos proteja del estrés y nos llene en nuestra vida.

(Más información y películas sobre cine en sexo en los siqguientes especiales de filmoterapia)

11 MANERAS DE ACTIVAR NUESTRA VIDA SEXUAL

1. Cuanto más sexo..mejor. Cuanto más sexo practicamos, más bajos son los niveles de estrés del organismo. Así se desprende de un reciente estudio de la Universidad de Princeton en donde se demostró que si bien una experiencia sexual aislada causa un aumento a corto plazo en el nivel de cortisol (la hormona del estrés), múltiples experiencias sexuales a diario durante un período de dos semanas consiguen reducir drásticamente la liberación de cortisol. A este efecto anti-estrés se suma que practicar sexo de manera regular aumenta la neurogénesis (formación de nuevas neuronas) y el número de conexiones entre células nerviosas, además de reducir drásticamente los niveles de ansiedad.

(Genial escena de “Todo lo que siempre quiso saber sobre sexo pero nunca se atrevió a preguntar” en donde nos explican como funciona el cerebro de un hombre al enfrentarse a una relación sexual.)

2. El deporte siempre es sexy. Hacer ejercicio es una de las fuentes de relajación más potentes que existen, además nos activa, aumenta el nivel de serotonina en el cuerpo y mejora nuestra autoestima. Ingredientes perfectos para mejorar nuestra sexualidad.

(Una de las escenas de baile más sensuales del cine,  en Flashdance)

3. ¿Qué son realmente las cosas importantes en tu vida?. Muchas veces gastamos demasiadas energías en situaciones que no son importantes en nuestra vida pero que vemos como urgentes. La vida en pareja es un factor muy importante en la vida de las personas y por lo tanto merece un lugar destacado a lo largo de la semana (siempre podemos sacar tiempo), a más cantidad y calidad más disfrutaremos de nuestra pareja y de nuestra vida sexual.

(Ver esta recopilación de varias escenas románticas para refrescarnos la memoria sobre la importancia de las relaciones afectivas en nuestra vida)

4. Sólos tu y él/ella. Sobre todo cuando se tienen hijos es primordial dedicar momentos especiales para cuidar la relación, para tener una tarde romántica o una noche de pasión. Tu vida sexual lo agradecerá.

(Harrison Ford nos enseña en esta escena de Unico Testigo  la importancia de la intimidad en una de las escenas más sensuales de la historia del cine..)

5. Comunicación, mucha comunicación. En muchas ocasiones, el estrés provoca que nos cerremos y nos aislemos de nuestro entorno, incluido de nuestra pareja. Todo esto puede provocar una dinámica muy negativa que puede llegar a destruir la relación. Hablar, ser sinceros y compartir nuestras emociones puede ayudar a relajarnos y a conectar mucho más con el otro.

(Hilarante escena de Bananas en donde Woody Allen nos explica las pequeñas complicaciones de la comunicación sexual entre hombres y mujeres)

6. Rompe con todo. Lo cambios bruscos de rutina suelen sentar muy bien a la relación sexual, improvisa, rompe tabús, explora.,,Tu cuerpo y el de él o ella te lo agradecerán.

(Nueves semanas y media y su juegos eróticos nos pueden ayudar mucho a entender eso de enriquecer la relación)

7. Las fantasías sexuales, el ingrediente mágico. Aprender a conoceros más sexualmente, hablar de vuestras fantasías, sin vergüenza y con ganas de disfrutar. Mejor si es al calor de una cena romántica.

(Cuantos hombres y mujeres no habrán fantaseado con esta escena de Instinto básico..)

8. Caricias sin fin. Tocaros, sin otro fin que tocar y ser tocado. El sexo no es llegar a la penetración o al orgasmo como obligación constante, también es acariciarse, dar un masaje, y descubrir las texturas del cuerpo de tu pareja.

(Sensual y muy subida de tono escena de la película coreana April Snow..del 2005)

9. Risas mil.El sentido del humor es un elemento que si se incorpora a la vida sexual , este aumneta de manera. El sentido del humor rompe los tabúes, disminuye los niveles de cortisol que nos bloquean nuestra sexualidad y nos ayudan a relativizar.

(Acabamos con ese manual de sexología que es Todo lo que siempre quiso saber sobre sexo.. y esta surrealista conversación sobre sexo)

¿Qué es la felicidad?

Abril 27th, 2012

El ser humano lleva buscando el significado de la felicidad desde su orígenes y la razón principal es que la felicidad es un instinto de supervivencia necesario en el ser humano, si no buscásemos sentirnos bien e intentar estar mejor en nuestras vidas, perderíamos una de las mayores motivaciones que tenemos como especie y seguramente nos habríamos autodestruido como especie.

LA FELICIDAD COMO ASPECTO SUBJETIVO

Por lo tanto, si la felicidad (o mejor dicho, la búsqueda de la felicidad) está impreso en nuestros genes, como es posible que tenga tantas versiones a lo largo de la historia e incluso hoy en día sea tan complicado definirlo. La respuesta es porque durante mucho tiempo se ha aceptado que la felicidad es algo muy subjetivo y por lo tanto imposible de medir, a lo largo de los siglos ha ido evolucionando en función de los subjetivos de cada cultura y eso ha descartado su estudio.

Por ejemplo, en la antigüedad se asociaba la felicidad con una dicha que dependía de la fortuna, de ahí que la palabra felicidad derive del término en latín felix, que a veces significa suerte y, otras, destino (también lo vemos en la palabra “happiness”, que viene de “happen”, algo que ocurre). Era tal lo subjetivo del concepto que incluso el filósofo alemán Immanuel Kant definía en el siglo XVII la felicidad como “un concepto tan indeterminado que aunque todo el mundo desee conseguirla, nadie puede decir de forma definitiva y firme qué es lo que realmente desea y persigue”.

A medida que se desarrollaban las culturas el término iba cambiando y evolucionando a la par que su sociedad. Para comprender esta evolución debemos remitirnos a la pirámide de Maslow. Abraham Maslow formula en su teoría, una jerarquía de necesidades humanas y defiende que conforme se satisfacen las necesidades más básicas (parte inferior de la pirámide), los seres humanos desarrollan necesidades y deseos más elevados (parte superior de la pirámide), de tal manera que cuanto más se desarrolla una cultura, más evolucionan las aspiraciones del ser humano al verse completadas las necesidades básicas y por lo tanto plantearse nuevos conceptos en su búsqueda de felicidad.

Así por ejemplo, para un campesino de la edad media su felicidad era no pasar hambre y sentirse protegido por un Dios todopoderoso mientras que para un patricio romano consistía en llegar a ser respetado por sus iguales. Durante los tres últimos siglos se ha producido el mayor desarrollo socioeconómico de la historia de la humanidad, provocando una escalada sin precedentes en la pirámide de Maslow y causando que países como Estados Unidos o Francia hayan integrado el objetivo de la felicidad en sus constituciones, se tenga como prioridad en la vida de las personas e incluso el país de Bután decidió en los 70 cambiar su Producto Interior bruto por un indice de felicidad.

LA PSICOLOGIA POSITIVA Y EL ESTUDIO CIENTIFICO DE LA FELICIDAD

Aún así, el término ha ido quedando dejado de la mano de la subjetividad y lo etéreo hasta que hace unos 15 años, con el nacimiento de la psicología positiva se comenzó a investigar todo aquellos elementos que provocan el bienestar en el ser humano, se comenzó a estudiar de manera científica por primera vez en la historia el concepto de la felicidad. Tras años de estudios, el psicólogo Martin Seligman revoluciona la concepción de la felicidad y nos propone una definición completa y basada en 5 elementos clave que nos puede ayudar a entender por fin este frágil concepto:

1. Emociones Positivas: Esta dimensión se refleja en el flujo positivo emocional a lo largo del día. Mientras mayor sea el número de emociones positivas en relación a las emociones negativas, mayor será nuestro bienestar. Sin una buena actitud ante la vida, es muy difícil fluir emocionalmente.

(Ver este extracto de Manhattan y la fuerza de las emociones positivas a través de la esperanza)

2. Compromiso: Cuando estamos realmente comprometidos en una situación, una tarea o proyecto, experimentamos un estado de flujo: el tiempo parece detenerse, perdemos nuestro sentido del yo, y nos concentramos intensamente en el presente. Cuanto más nos comprometamos con lo que hacemos, con nuestra vida, trabajo o sociedad más probable es que experimente el bienestar.

(En doce hombres sin piedad vemos la importancia de la capacidad de compromiso de Henry Fonda con la justicia y los valores éticos)

3. Relaciones positivas: Como seres humanos, somos “seres sociales”, y las buenas relaciones son fundamentales para nuestro bienestar. Manejar las relaciones de manera constructiva nos ayuda también a mantener nuestro nivel de bienestar alto.

(En Que Bello es vivir las relaciones y la comunidad son fundamentales para afrontar las circunstancias dificiles de la vida)

4. Significado: El pertenecer a algo más grande que uno mismo es uno de los pasos para desarrollar la felicidad. Por ejemplo, el ayudar a alguien genera más felicidad según Seligman que adquirir bienes materiales.

(En el sentido de la vida, los Monty Python nos plantean con mucho humor la trascendencia de nuestras vidas)

5. Logro/Realización: Completar nuestros objetivos, sentir que tenemos un camino, que dependemos de nosotros mismo y que nos basamos en nuestros valores y fortalezas es parte indiscutible de la felicidad.

(Este fragmento de En Busca de la felicidad explica muy bien la fuerza del logro de nuestras metas en nuestra vida)

EL DINERO NO DA LA FELICIDAD PERO AYUDA (HASTA UN LÍMITE)

A comienzos de abril se punblicó el informe sobre felicidad mundial más completo conocido hasta el momento. Este estudio ha sido elaborado para la ONU por la Universidad de Columbia, con la coautoría de Jeffrey Sachs, uno de los economistas más influyentes de las últimas décadas.

Esta investigación mide la felicidad a partir de baremos sociales muy similares a las 5 dimensiones de la felicidad según Seligman y teniendo en cuenta aspectos como las emociones positivas, los ingresos económicos, la salud mental, la salud física o la confianza en la comunidad (libertad de expresión, igualdad social, confianza en las instituciones, participación social y política, etc).

Las conclusiones de este estudio son muy interesantes, sobre todo las relacionadas con el dinero y la felicidad. El dinero es un elemento favorecedor de nuestro nivel de bienestar , sobre todo en países dominados por la pobreza. En estas naciones un mínimo aumento en el ingreso de una familia puede provocar una mejora sustancial en alimentación, la educación, la salud, la vivienda y en general el futuro de las personas. Pero el dinero no es el valor más importante para explicar la felicidad de una sociedad. En cambio, la libertad política, la confianza en las instituciones, los vínculos sociales, la salud física y mental; la satisfacción vital, laboral o la solidez de la familia, son los elementos más importantes que determinan la felicidad a nivel social al promover y garantizar las 5 dimensiones de la felicidad que antes comentamos. Los países más felices del mundo son aquellos que cuidan todos estos elementos, por eso entre las primeras posiciones aparecen los países del norte de europa seguidos de países como Irlanda, Australia, Canadá o Costa Rica (España ocupa el puesto 22, Mexico el 24 y Argentina el 38)
¿Y como están posicionadas las potencias mundiales? El país más rico del mundo USA, ha multiplicado por tres su riqueza en los últimos 50 años pero sus niveles de felicidad se mantienen e incluso bajan. Y este hecho no solo ocurre con el país mas rico del mundo, las potencias mundiales no son los países felices ni mucho menos, USA ocupa el puesto 11, Alemania el 34, Japón el 44, Rusia el 76 y China el 111.

Este cambio de perspectiva en el estudio del ser humano y de su felicidad ha provocado que haya países y organizaciones que estén revolucionando la forma de medir el bienestar de las personas. La felicidad de las sociedades está comenzando a sustituir a los indicadores económicos como elemento principal para medir el bienestar de las personas. Una nueva generación de científicos, economistas, psicólogos y sociólogos han demostrado que la felicidad puede ser medida, entendida y evaluada a nivel de sociedades y naciones concluyendo que la felicidad puede ser, por lo tanto, una política de estado.

Queda mucho camino en el estudio de la felicidad en todos los niveles y de su integración como elemento indisoluble del bienestar del ser humano pero es evidente que está comenzando una nueva etapa en donde el estudio de todo aquello que nos hace felices puede revolucionar nuestra perspectiva del ser humano.