Editada por HODGSON & BURQUE psicólogos

Filmoterapia

Cine, coaching y psicología

Reiniciar y redescubrirse en «Un hombre sin pasado» (Aki Kaurismäki, 2002)

Un hombre sin pasado (Aki Kaurismäki, 2002) Psicologos Coruña | Hodgson & Burque

(puede contener spoiler)

¿Recuerdas qué estabas haciendo y dónde te encontrabas, o incluso el olor del ambiente, el día que te dieron una noticia emotiva importante? Como decía Cicerón, la memoria es el tesoro y guardián de todas las cosas, es el almacén de la mente, y la capacidad para recuperar lo almacenado. Es un océano inmensurable, situado en un lugar tan pequeño y complejo como es el cerebro. Sin memoria a corto plazo, a largo plazo, inmediata, la vida sería mucho más difícil, no podría haber continuidad, ni recuerdos, ni relaciones, ni identidades. Pero existen muchos tipos de memoria, y muchos tipos de “olvido”.

En la historia del cine encontramos cientos de ejemplos de historias que juegan con el tiempo, ya sea por medio de una de las mayores utopías que persigue el ser humano desde siempre, viajar a través del continuo espacio-tiempo, desplazamientos hacia el pasado (“La Jetée”, Chris Marker, 1962; “Doce monos”, Terry Gilliam, 1995), hacia el futuro (“El tiempo en sus manos”, George Pal, 1960), incluso bloqueos en el presente (“Atrapado en el tiempo”, Harold Ramis, 1993). O bien provocando vacíos, en los recuerdos, próximos o lejanos, a través de trastornos en la memoria o amnesias; es éste quizás el trastorno mental más representado en el cine (recordemos uno de los grandes ejemplos cinematográficos, “Memento”, Christopher Nolan, 2000).

El cine se convierte en un medio de experimentar, de dar a sus personajes nuevas y diferentes oportunidades a las que hasta entonces tenían, o de manifestar de manera gloriosa el control de un paradigma tan incontrolable como es el tiempo, que supone una imagen de creador todopoderosa y superior a nuestra dimensión.

Un hombre sin pasado (Aki Kaurismäki, 2002) Psicologos Coruña | Hodgson & Burque

Hoy en concreto, hablaremos de “Un hombre sin pasado” (2002), del finlandés Aki Kaurismäki. Junto con “Nubes pasajeras” (1996), y “Luces al atardecer” (2006), forma la Trilogía de los desheredados y perdedores de la sociedad moderna. Esta película retrata la historia de un hombre, X, que viaja en tren y al llegar a su destino con una maleta, recibe una brutal paliza. En el hospital le dan por muerto, pero ocurre un milagro. Despierta, y al despertar, no recuerda nada de su pasado, ni siquiera su propio nombre.

Deambulando, aparece en un lugar alejado de la ciudad, al lado del mar, y una familia que vive allí en esa zona marginal, en una barraca, le recoge y le cuida.

– ¿Qué recuerda?
– Iba en un tren. Afuera no había luz.
– ¿Y antes?
– Todo negro.
– ¿Su infancia?
– Ni un sonido, sólo una noche oscura.

X ha perdido todos sus recuerdos, desde que era niño hasta que “resucitó”. Pero puede hablar, jugar a las cartas, fumar, conducir, multiplicar… Toda su memoria procedimental ha quedado intacta, es decir, aquélla que compone los procesos de interacción con el entorno que tenemos automatizados e interiorizados. Su memoria semántica, incluso su humor negro, su sarcasmo, ha quedado también intocable. “Solamente” su memoria episódica está totalmente dañada, padece una amnesia retrógrada generalizada. Imagínate despertar, y no recordar nada, quién eres, de dónde vienes, qué estilo de vida llevas, si tienes familia, si eres querido, si quieres a alguien. Todo ha quedado borrado, como un ordenador formateado con programas nuevos.

Al nacer todos llevamos unos códigos genéticos propios, pero el resto de nuestra personalidad, la forma de enfrentarnos a la vida, de entenderla, y de relacionarnos, viene dada por el aprendizaje y la experiencia, nuestra historia de vida. Todo lo que vivimos desde que nacemos, las buenas y las malas experiencias, van marcando qué vamos a elegir en el futuro, cómo vamos a ver los problemas, si vamos a decidir querer ser felices o no. Los mismos prejuicios, los estereotipos, nacen directamente desde ahí. Si borramos eso, nos queda empezar de cero a relacionarnos con el mundo y con nosotros mismos, y forjarnos una nueva identidad.

Es posible que lo normal en esta situación fuese mostrarse desesperado e impotente por no saber ni siquiera dónde estás, aunque en cierto modo, en este momento empiezan tus recuerdos, no debiera haber una ansiedad por irte a otro sitio, ¿a dónde? Así que X elige, allí donde se halla, empezar a vivir, acomodarse en una de las barracas, y seguir la única orientación con la que cuenta, sus nuevos amigos de las chabolas. Aprende entonces a comer los domingos en un centro de ayuda a las personas sin hogar, a conseguir ropa decente, y algo de dinero trabajando. Así, X va descubriendo su nueva vida y adaptándose a lo que le han dado, sin preconcepciones, la situación le empieza a gustar. Se ve con iniciativa, decidido y alegre, aunque esto pueda chocar con el estilo peculiar de Kaurismäki, donde, irónicamente, “Finlandia es el país más rico y feliz de la tierra”. Casi podría tratarse de una película de cine mudo doblada, donde la expresividad, la tonalidad y la gestualidad no son en absoluto algo característico de los personajes.Un hombre sin pasado (Aki Kaurismäki, 2002) Psicologos Coruña | Hodgson & Burque

Sin embargo, el director nos hace ver también la dificultad, ya no sólo de ir sin un nombre y un apellido, sino de tener apariencia de “sin techo”, y lidiar con ello para hacer gestiones como buscar un trabajo, hacerse una cuenta en un banco, o intentar flirtear con una mujer. Y aún así, quiere hacerles un importante hueco a los llamados “desheredados”, y concederles vida, valores, felicidad, por si acaso lo habíamos olvidado desde el otro lado.

“Un hombre sin pasado” nos muestra a una persona a la que no le queda otra opción que redescubrirse a sí mismo limpiamente, sin obstrucciones, sin prejuicios, sin recuerdos. Al no quedar nada de su pasado, X inicia su segunda vida pulcramente, sin despojos en el camino que le impidan caminar hacia adelante. Justamente, uno de los grandes objetivos de la psicología mediante la terapia cognitivo-conductual, se basa en que modificar nuestros pensamientos negativos y las distorsiones que hacemos sobre la realidad (lo cognitivo), tiene efectos directos sobre nuestras emociones, y de esta forma, finalmente sobre nuestra conducta, y centrándonos en el presente, terminamos mediando así a largo plazo sobre todos aquellos pensamientos inconscientes que terminan saliendo a la luz a través de nuestra conducta.

Cuando a X le encuentra su pasado, no porque recupere la memoria, sino porque le encuentra su familia, se entera de que su vida anterior era totalmente infeliz. Se acababa de divorciar, casi no hablaba, tenía graves problemas de adicción al juego, y se iba de su ciudad y de su casa con la idea de encontrar un trabajo y tal vez mejorar.

Hasta entonces parecía claramente que X tenía un llamado “Trastorno Amnésico debido a un trauma cerebral”. Pero existe una “Amnesia Disociativa” que viene provocada por factores estresores, y que se explica por presentarse como un elemento de protección ante esos estímulos negativos que hacían daño (recordemos las clásicas amnesias de algunos excombatientes de guerra). X tenía muchos componentes negativos en su vida, el más fuerte era la culpabilidad que sentía por su problema de adicción. Quizás fue el ataque de sus agresores lo que precipitó una amnesia, digamos, psicológica. Una de las formas de poder diferenciarla de la amnesia provocada por una lesión cerebral es que en esta última no suele haber una pérdida completa de la identidad personal, y suele estar afectado el aprendizaje de elementos nuevos.

No sabemos hasta qué punto Kaurismäki decidió jugar con esta idea, o sencillamente le puso un punto y final a la anterior y frustrada vida de nuestro protagonista. De cualquier forma, X pudo finalmente elegir esta nueva vida, olvidar su pasado, su experiencia que le llevó a seguir un camino negativo, olvidó incluso los condicionamientos también aprendidos que le mantenían una ludopatía. Eligió ser simple y limpiamente él en las circunstancias que le tocaron, y siempre con ese aplomo (que no resignación) y negrura humorística que su padre Kaurismäki le dio.

Un hombre sin pasado (Aki Kaurismäki, 2002) Psicologos Coruña | Hodgson & Burque

Olga Burque

Filmoterapia

“El director finés ha afirmado en más de una ocasión que Qué bello es vivir (It´s a wonderful life, 1946) fue una de las influencias directas a la hora de realizar Un hombre sin pasado… El finés asegura que se trata de una elección personal, porque no soporta a los actores que gesticulan y gritan en exceso, aunque en más de una ocasión no podemos evitar preguntarnos hasta que punto documenta la fauna finlandesa o hasta qué punto abusa del recurso.

El cineasta mira sin miedo a la locura e incluso la ve como forma de liberación. Para muchos, puede resultar vertiginoso perder el status quo; perder lo que nos hace ser lo que somos, pero el autor sabe ir más allá de esos lugares comunes: aquel que logra liberarse de rutinas, que aprende a vivir al margen, que se atreve a ignorar las instituciones sociales, encuentra su libertad” (fragmento de F. Javier Pulido, Miradas de Cine, nº 58).

Categoría: Films analizados

Etiquetas: Luchar contra uno mismo, Memoria, Renovacion y transformacion, Una nueva oportunidad

Etiquetas de cine: Análisis película, Cine internacional, Dramas, Largometrajes

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