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Filmoterapia

Cine, coaching y psicología

Tiempos Modernos (La cruzada de la humanidad en busca de la felicidad)

 Tiempos modernos
Esta semana en Filmoterapia hablamos de un megaclásico del cine universal, una obra maestra de Charles Chaplin con un 8,4 de media en filmaffinity (la octava mejor película de la historia según sus usuaros), perfecta en su música, historia, actores, ambientación, crítica social… y sobre todo perfecta en un simbolismo sobre la felicidad y nuestra sociedad capitalista actual que 80 años después no ha perdido ni gota de actualidad. Nuestra colaboradora Vivoleyendo nos propone una película única que nadie debería perderse. Que la disfruteis.

“Tiempos modernos. Una historia sobre la industria, sobre la iniciativa individual… La cruzada de la humanidad en busca de la felicidad”, (por Vivoleyendo)

El genio Chaplin asestó, como de costumbre, un golpe certero y exhaustivo, en esta ocasión a las lacras que conlleva la civilización industrializada y capitalista.
En la que probablemente sea una de las mejores sátiras realizadas durante toda la era cinematográfica del siglo XX, Chaplin presentó al mundo los esquemas, ridiculizados hasta el extremo, de la era industrial actual.
Desde el punto de vista de su eterno Charlot, patoso y romántico incurable con bigotito, bombín, bastón, traje raído, zapatos de payaso y andares de pato, somos testigos de las continuas desventuras de este mítico personaje que, en esta ocasión, lleva a cabo una lucha titánica e inútil para tratar de adaptarse a una sociedad que va demasiado deprisa. Trabajos monótonos y estresantes en fábricas, como una pieza más del montón en la frenética cadena de montaje. Movimientos mecánicos y repetitivos hasta la náusea, el ritmo de trabajo medido y sincronizado hasta las milésimas de segundo, maquinarias complicadísimas cargadas de engranajes, palancas, botones y ruedas dentadas (sobresaliente ambientación, representando la invasión tecnológica, y geniales las escenas en las que Charlot y algún otro personaje se “pierden”, tragados entre los múltiples elementos de las máquinas). Todo controlado, para que la cadena de montaje no se rompa y así los niveles de producción alcancen el máximo, venciendo a la competencia… Los trabajadores como simples autómatas, números anónimos. La escena de la “máquina de comer” que unos empresarios pretenden vender al director de la fábrica, pregonando sus virtudes en cuanto al ahorro de tiempo que supondría sistematizar incluso el almuerzo de los peones, y la prueba que realizan sobre el propio Charlot, es un deleite absoluto, un derroche de sarcasmo, humor negro e ingenio. Disfruté a tope contemplando esa parte; hacía tiempo que no me reía tanto viendo una película.
Por supuesto, el sensible y romántico Charlot no tarda en descubrir que no está hecho para los trabajos rutinarios, ni para el alocado ritmo de la ciudad enloquecida. Huelgas, manifestaciones políticas… El pobrecillo, a causa de malentendidos y torpezas, se ve envuelto inocentemente en líos y llega a dar con sus huesos en la cárcel…
Mientras tanto, una chica huérfana que vive prácticamente en las calles se topará con Charlot, y ambos, identificándose en su deshaucio mutuo, en su condición de marginales inadaptados y sumidos en la pobreza, continuarán juntos la batalla cotidiana para optar a un lugar digno en la sociedad.
Tremenda y mordaz, pero a la vez optimista, crítica a las múltiples dificultades que muchas personas encuentran para seguir el ritmo loco de la era industrializada y tecnológica y para optar a lo que todo el mundo tiene derecho: la dignidad personal e individual, la autorrealización, el bienestar. Aspectos tan básicos como el acceso a la vivienda, la difícil búsqueda de un trabajo que se acondicione mínimamente a las características personales…
En definitiva, el proceso de hallarse a uno mismo, obstaculizado por un progreso masificado que despersonaliza y restringe las libertades individuales. Muy significativa y simbólica la escena inicial, en la que se muestra el paralelismo entre un rebaño de ovejas y una multitud de transeúntes que se mueven en masa, como hormigas insignificantes, por la atestada ciudad ruidosa e invadida por el tráfico y las construcciones que roban su espacio vital a una naturaleza despreciada.
En clave de humor a menudo negro y cargado de ironía, con estupendos gags a cargo de un showman inimitable como era Chaplin, las carcajadas están más que aseguradas.
Sobresaliente fotografía en blanco y negro, minimalista y detallista. Extraordinarias escenas en las que los movimientos grotescos de Charlot son pura coreografía hipnótica, logrando contagiarnos el estrés, las prisas forzadas y el desagrado del personaje hacia la estupidez de un trabajo en cadena para el que no sirve. Estupendos todos los decorados, como estar sumergidos en un sueño (o pesadilla) de hierros y aceros. Magníficos y desternillantes los momentos de torpeza y malentendidos que llevan al pobre Charlot a sufrir múltiples descalabros de los que, al final, siempre consigue salir bien librado. Tampoco tienen precio los momentos que comparte con la chica en la “casa” (más bien choza ruinosa).
La buena voluntad del protagonista que invariablemente se estrella contra el desastre. Siempre tragado por histéricas masas de gente, sabiendo que su propio camino es diferente al de la muchedumbre anónima. Pero su ánimo es indestructible, y su optimismo saldrá incólume. Se erige en un pequeño héroe que nunca se deja derrumbar y que cada día se despierta con una nueva ilusión. Pese a todo, tiene por delante el sendero más excitante: el resto de su vida le espera, y él sabe que la felicidad no depende exclusivamente de los bienes materiales y superficiales. Sabe, mejor que nadie, que la verdadera felicidad está en ti mismo y en esa persona que te acompaña.
Bellísima comedia satírica, sublime en todos los aspectos: interpretación, fotografía, banda sonora a cargo del propio Chaplin, original combinación de película muda y sonora, puesta en escena y ambientación, guión…
Una de las mayores delicias jamás filmadas.
Chaplin4

Categoría: Films analizados

Etiquetas: Felicidad, Luchar contra la adversidad, Pensamiento crítico, Persistencia

Etiquetas de cine: Análisis película, Charles Chaplin, Cine americano, Cine clásico, Comedias, Grandes directores

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Un comentario

  1. Uno de lo grandes genios sin menospreciar a muchos, creo que el aplauso y el ponerse de pie es aquel que con sus acciones es capaz de despertar el niño creativo que se ubica dentro de cada ser, aunque ya no estas sigues siendo ejemplo de mas de uno.

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