Editada por HODGSON & BURQUE psicólogos

Filmoterapia

Cine, coaching y psicología

La busqueda espiritual

La fortaleza psicológica de la espiritualidad, la busqueda de su fuerza y sobre todo, el camino trascendental hacia el bienestar. Esta semana en filmoterapia nuestro colaborador MBT nos hablará de una busqueda que muchas personas consideran lejana e imposible pero cuyo secreto radica en lo que más cerca tienen, el presente.Que lo disfruteis.

1.-EL INSTINTO DE BÚSQUEDA Y LA PROGRAMACIÓN PARA NUNCA DEJAR DE BUSCAR

La vida es una búsqueda permanente que empieza cuando el bebé de modo reflejo busca el pezón de la madre o algo que llevarse a la boca. Este instinto innato de búsqueda es algo que define a las crías de todos los seres vivos, que vienen equipados con esta programación esencial para la subsistencia.

Al principio nos diferenciamos de las demás crías porque somos especialmente desvalidos comparados con la mayoría de las especies. Pero poco a poco el entorno en el que crecemos añade la programación cultural. En primer lugar, el primer año de vida determina el entorno de apoyo y está basado en el cuidado de la madre fundamentalmente y todo el núcleo familiar. Estos primeros años son la base de la “confianza básica” que vamos a sentir a lo largo del resto de la vida; es la sensación de optimismo y de actitud positiva que constituye el trasfondo de todas nuestras acciones y reacciones en la vida. Los primeros años de vida añaden a la herencia genética, la herencia psicológica. Posteriormente, el medio cultural y social, en que nos toca desarrollar la vida,  modulan y refuerzan la programación genética y psicológica.

Todas estas herencias interrelacionadas generan un conjunto de necesidades primarias y secundarias, esenciales o creadas e incluso las puramente ficticias, que se convierten en el motor que nos impulsa en la vida. La dirección adoptada no varía demasiado a lo largo del tiempo porque nuestra dirección es en gran medida la dirección grabada en nosotros por nuestros padres, en éstos por sus padres y así sucesivamente. La tendencia a buscar para hacer frente a las necesidades es reforzada por los medios, cada vez más sofisticados, del sistema socioeconómico y cultural.

Todo contribuye a que la gran mayoría de las personas que constituyen el grupo vaya internalizando la creencia profundamente arraigada de que es más feliz el que consigue satisfacer un mayor número de necesidades. El efecto de esta motivación grabada hasta la médula en la estructura de la propia personalidad, nos empuja a no distinguir entre las necesidades de subsistencia y reales y aquellas otras que nos esclavizan porque no tiene fin y su logro se convierte en una meta que nunca se alcanza. Esta generación interminable de necesidades y la convicción de eso es la base de la felicidad se hace todavía más perversa porque se esfuerza en que miremos al vecino y hagamos comparaciones; de este modo incluso aquellos individuos que consiguen satisfacer la mayor parte de sus deseos, acaban sintiendo desazón al comprobar que la publicidad te señala a los que han llegado más lejos, surgiendo así la que podíamos llamar la infelicidad comparativa.

El caso es que este modo de actuación constituye los cimientos del propio sistema y, si en algún momento dejase de recordar las necesidades conocidas y de generar otras nuevas, peligraría e incluso dejaría de existir como tal. También es básica para la continuidad del sistema la programación para que los individuos se miren permanentemente en los demás pero es a la vez la siembra en la mayoría de la población de la semilla illa del desasosiego y de la infelicidad. Es difícil dejar atrás esta programación no sólo por el trabajo especializado de los medios publicitarios del sistema, que lo repiten insistentemente, sino también porque los propios miembros del grupo están dispuestos a presionar en la misma dirección, excluyendo al se atreva ponerlo en duda. De este modo es realmente difícil liberarse de “las cadenas” invisibles a que estamos sometidos y que nos mantienen esclavizados.

El resultado es que siempre tenemos que esforzarnos un poco más para llegar a la tierra prometida que siempre está un poco más allá. Muchos no consiguen más que superar una las etapas previas y sólo unos pocos alcanzan las metas de satisfacción de necesidades prefijadas. Pues bien, la mayoría de estos pocos, que han llegado a la meta, cuando, mirándose a sí mismos, se preguntan si ha valido la pena hacer todo el recorrido, experimentan una sensación de vacío, continúan sintiendo una especia de anhelo profundo en su interior que permanece sin llenar. Con frecuencia esta constatación, cuando sucede, se alcanza cuando el reloj de la vida ya señala la última etapa: cuando echan la vista atrás y se dan cuenta que esa no era la dirección correcta, ya no es tiempo de cambiar lo vivido. Tampoco sirve de mucho tratar de advertir a los que les rodean a fin de que no cometan el mismo error porque no son capaces de escucharle ya que se trata de algo que uno tiene que experimentar.

Estamos tan ocupados ejecutando los programas que nos han ido instalando en la psique que ni siquiera nos damos cuenta, hasta que es demasiado tarde, de que hemos estado persiguiendo un espejismo que siempre se aleja y nunca se alcanza. Esa búsqueda prefijada e indiscutible no nos deja  tiempo  para mirar aquí y ahora, en cada momento presente donde está la única realidad indiscutible.

“Cada momento actual es un regalo glorioso de Dios. Por eso se llama el presente.” (Conversaciones con Dios)

Por su parte, las religiones, que en principio nacieron para llamar la atención de todos hacia el tesoro auténtico que encierra cada momento, se han olvidado en su mayoría de su meta y se han especializado en ofrecer otro tipo de esperanza, también ubicada en el futuro del futuro: es la promesa intangible del cielo, paraíso o como quiera que se llame, que sólo es posible alcanzar al final del final. No es de extrañar que algunos hayan considerado a las religiones como  la esperanza de los desafortunados, el opio del pueblo, la oferta del premio de consolación para los que se quedaron atrás en la carrera de las satisfacción de las necesidades. También sirve para aquellos que, a pesar de las muchas necesidades satisfechas, no se sienten colmados y tratan de escapar de su decepción.

Tenemos, por una parte, un sistema económico que indudablemente proporciona bienes y servicios, muchos de ellos fundamentales para vivir y para lograr una vida cómoda y a los políticos, los especialistas en hablar y proclamarse los mejores proveedores de tales promesas de futuro terrenal; y por otra parte están las promesas de las religiones convencionales que rizan el rizo de las promesas. En ambos casos nuestra vida se convierte en una búsqueda interminable.

Sólo unos pocos, movidos por su forma de ser y por los acontecimientos que la vida les ha ido presentando, son capaces de darse cuenta de que la lógica de ambas búsquedas no son liberadoras sino esclavizantes: la conclusión es que si éste no es el camino, hay que buscar en otro parte. Esos pocos, cada vez más, que ven con claridad que sus preguntas esenciales continúan sin una respuesta auténtica y profunda, deciden mirar más allá de las promesas terrenales y de las promesas de cielos y paraísos.

2.-LA BÚSQUEDA ESPIRITUAL

Estas personas, que de algún modo intuyen que existe una respuesta a su anhelo de verdad, calma y sosiego, son los llamados buscadores espirituales o transpersonales.

El buscador espiritual busca algo más profundo, en cierto modo es un buscador más refinado y  consciente, pero tiene una característica que le asemeja al otro y es que ambos tratan de encontrar la respuesta en otra parte y en otro tiempo, nunca aquí y ahora. El buscador espiritual o transpersonal se diferencia en que ya se ha convencido de que la respuesta a sus anhelos no está en las cosas materiales ni siquiera en las buenas relaciones personales, sino en alguna otra parte.

Esta coincidencia de naturaleza de ambos buscadores –buscar en otra parte y en otro momento-, atrae el interés de los oteadores del sistema socioeconómico especializados desde hace tiempo en proveer, a través de la industria del ocio, todo tipo de calmantes y placebos a través de los muy variados centros  dedicados a ofrecer diversión, en unos casos haciendo uso de medios legales tales como la bebida, el tabaco, la música, el baile… y con demasiada frecuencia haciendo también uso de medios ilegales, tales como las drogas alienantes e incluso acudiendo al uso y abuso de otros seres humanos, que dejan de ser fines en sí mismos para convertirse en medios para los demás, violando flagrantemente el principio ética enunciado por el filósofo Emmanuel Kant. En este contexto no debe sorprendernos que el propio sistema económico, en principio solamente especializado en proveer necesidades materiales, también se dedique a “tapar agujeros” o carencias de tipo espiritual, generando un verdadero mercado espiritual, ya sea dando un nuevo enfoque a las religiones tradicionales mediante las técnicas de publicidad, ya sea reconvirtiendo antiguas escuelas de enseñanza espiritual en servicios diseñados para atraer a muchos de los buscadores espirituales, con la promesa de que en algún momento del futuro puedan alcanzar la calma, el amor y la paz verdaderos. Entra totalmente dentro de la lógica del sistema: ante la demanda de los buscadores surgen aquellos que declaran tener el producto para satisfacer la necesidad. No importa que el vacío a llenar sólo pueda ser colmado por algo intangible y personal; se crean sustitutos que ofrecen una solución definitiva y rápida, como si de “crecepelos” se tratase. A veces se trata de servicios que prometen paz y sosiego y en un futuro la iluminación, a cambio de recluirse en silencio en centros de retiro y a cambio de muchas horas de meditación un día tras otro; a veces se trata de rezos llenos de devoción, del recitado de mantras o de danzas sufíes; a veces del gurú de moda que al tiempo vende su último libro como la panacea final. Sin perjuicio de las ventajas que todo esto pueda ofrecer para vivir mejor la vida, continúa siendo una búsqueda que nos aleja del aquí y ahora, que pospone la satisfacción al futuro que nunca llega.

(Eckhart Tolle, una de las personas más influyentes a nivel espiritual actualmente nos da una pista  sobre esa busqueda espiritual, el aquí y el ahora)

La autenticidad no está sólo en lo que buscamos sino también en dónde y en qué momento lo hacemos. Si lo que buscamos está en una meta futura, no hay demasiada diferencia si lo buscado es algo externo y material o interno y espiritual. El mundo externo es una búsqueda constante: ya sea en el supermercado, en las rebajas, cuando vamos al cine, a la playa, a la oficina, al restaurante, a la televisión, a Internet, al periódico, cuando tratamos de buscar la pareja perfecta, de hacer amigos, de atender a nuestros hijos, a  los padres,…; siempre estamos inmersos en nuestros intereses, miedos y esperanzas. Muchas de esas acciones son necesarias para vivir pero muchas otras anestesian y distraen del momento presente, aunque se trate de la lectura de un libro espiritual tras otro. Nunca dejamos de esperar que la solución definitiva esté a la vuelta de la esquina y somos incapaces de dejar de pensar que es más fácil desear lo que está un poco más allá que apreciar lo que está justo aquí y ahora. Estamos tan convencidos de que lo mejor está en otra parte que ni siquiera dedicamos un tiempo a mirar aquí, dentro de nosotros mismos.

3.-LOS CAMINOS Y ESCUELAS ESPIRITUALES ANTE EL DILEMA DE LA BÚSQUEDA

Los maestros espirituales auténticos se han dado cuenta, desde siempre, de que no hay nada que buscar porque la naturaleza esencial está en el aquí y ahora en nuestro interior. También han dejado claro que no es cuestión de creer en esto o en aquello; la única y exclusiva manera  es verlo y experimentarlo por uno mismo. A pesar de la claridad de esta afirmación, los seguidores de los distintos maestros y las escuelas que surgieron en torno a ellos hablaron de caminos, de métodos de purificación y catarsis para llegar a caer en la cuenta de nuestra naturaleza esencial; al hablar de caminos y métodos pensamos en un recorrido necesario para llegar a alguna parte, y justo esto es olvidar el momento presente.

(Ken Wilber nos habla en este video sobre la “soledad del camino espiritual”)

Por tanto, cuando se habla de recorrer un camino de seguir un método, hay que estar atentos para no caer en la trampa de buscar en un lugar distinto de este mismo momento. Si somos conscientes de que lo que se trata de buscar ya está dentro de nosotros, sólo es necesario mirar con toda la atención de que seamos capaces. A medida que vayamos retirando las diversas capas de la personalidad que nos impiden ver sin distorsión de la realidad, iremos descubriendo lo que realmente somos,  que se muestra de múltiples maneras, que son distintos aspectos o perspectivas de lo Mismo.

Todos los psicólogos transpersonales, entre los que destacan Ken Wilber y A. H. Almaas, compaginaron la indagación de sí mismos con el estudio de los grandes maestros de Oriente y de Occidente, desde Buda y el Zen hasta el Advaita, y desde el Sufismo hasta los místicos cristianos  tales como el maestro Eckhart, Angelus Silesius, San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Jesús o, pasando por la cábala y Plotino hasta Nisargadatta o Ramana Maharshi y en general el estudio de la filosofía perenne. También estudiaron la Psicología Oriental y profundizaron en Occidental, hasta determinar de una u otra manera que para ver la Realidad es preciso antes deshacerse de las distintas distorsiones, nacidas en nuestra infancia, que nos impiden ver el Fondo originario, nuestro Ser esencial. Hay que tener cuidado para no interpretar esta catarsis como otro tipo de viaje al fondo de uno mismo, un viaje a lo profundo, porque, si fuese así, de nuevo estaríamos dejando de lado lo único que hay, que no es otra cosa que el momento presente. Hay que evitar el error de pensar que el amor, la paz, la sabiduría y la inteligencia auténticos están más allá de este momento, posponiendo todo a cuando realicemos una catarsis más profunda, a cuando hayamos practicado más meditación o cuando aparezca el maestro adecuado. Lo único que tenemos que hacer es dejarnos ser aquí y ahora, justo donde estamos, sin necesidad de cambiar la manera que somos, sin necesidad de dejar de ser quienes somos, sin perder de vista cada instante que es lo único que se nos da.

Si encontrásemos algo así ya no se trataría de un camino sino del fin de la búsqueda.

4.-EL FIN DE LA BÚSQUEDA ES EL CAMINO QUE NO ES CAMINO

Si no nos movemos de donde estamos, si no tomamos el camino a ninguna parte, podemos vivir la vida que se manifiesta en nosotros y experimentar cada momento sin necesidad de esperar nada, ni siquiera el darnos cuenta de ello. El filósofo Martin Heidegger decía que el Ser se está siempre mostrando en cada criatura tanto si ésta es consciente de ello como si no. En realidad, no tenemos que hacer esfuerzo alguno porque el hecho de ser más real o más auténticamente lo que somos, es algo que sucede sin nuestra intervención. Si es así, ¿por qué dedicamos tiempo a hablar de todo eso? Simplemente porque sí; como escribió el místico Angelus Silesius, la flor florece sin porqué. Del mismo modo nosotros podemos vivir la vida sin esperar nada de ella, simplemente por el gozo de vivirla.

Cine, coaching y psicología positiva

El verdadero camino es aquel que no es camino, es el que sirve para honrarse a uno mismo dónde está, cómo es, y quién es, sin juicio y sin comparación con nadie ni con ningún modelo establecido. Estar dónde uno está significa justo eso: estar donde está, exactamente donde está, con todo lo que hay, ya nos parezca bueno y ya nos parezca malo, tal cual es. El simple hecho de estar donde uno está, sin dejarse llevar por el barullo mental, genera un proceso de apertura en el que se van evaporando las barreras que se han ido estableciendo en nosotros de un modo inconsciente y a medida que éstas desaparecen se van mostrando aspectos cada vez más profundos de la verdadera naturaleza de lo que somos. Poco a poco aprendemos a dejar de defendernos y de esconder quiénes somos realmente. En la calma y la relajación que esto produce vamos aprendiendo a disfrutar del simple hecho de ser –ser dándose cuenta y plenamente despiertos-. El hecho de simplemente ser, se convierte en un agente de cambio que va transformando nuestra conciencia y revelando cada vez con más profundidad la verdad de lo que somos. Esta revelación está disponible y sucederá si queremos abrirnos a lo que significa verdaderamente estar donde estamos. Sólo basta con concedernos el don de no ir a ninguna parte, de no intentar hacer nada, de no mirar en otro sitio.

5.- CINE Y BUSQUEDA ESPIRITUAL

Ya para acabar, os dejamos con una serie de películas muy diferentes entre si y que ayudan a reflexionar sobre todo lo dicho por nuestro colaborador MBT.

  1. Conversaciones con dios (Stephen Simon, 2006)
  2. El guerrero pacifico (Victor Slva, 2006)
  3. Los yoghis del tibet (Jeffrey M. Pill, 2002)
  4. Viajeros y magos (Khyentse Norbu, 2003)
  5. Primavera, verano, otoño, invierno… y primavera (Kim Ki-Duk, 2003)
  6. ¡Y tu que sabes?! (William Arntz, 2004)
  7. Atrapado en el tiempo (Harold Ramis, 1996)
  8. El mago de Oz (Victor Fleming, 1939)

Categoría: Mindfulness

Etiquetas: Espiritualidad, Mindfulness, Vivir el presente

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2 comentarios

  1. Muchas gracias por recirdarme vivir el momento presente, sin añorar el pasado ni pensar en el futuro. Aunque he de reconocer que es difícil

  2. UN CAMINO QUE NO ES CAMINO, BUSCAMOS EN LUGARES PROMINENTES PARA SER FELICES A OTROS, DEDICAMOS TIEMPO ACTIVIDADES TRIVIALES, NOS MOLESTAMOS CON NOSOTROS MISMOS POR NO ALCANZAR LOS RETOS PENSADOS.
    PERO CUANDO HACEMOS UN ALTO PARA VIVIR EL AHORA, EL HOY MI GRAN OBSEQUIO, AGRADEZCO FILOSOFAS PALABRAS DEL EDITOR DE ESTE ARTICULO.

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