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Las dos caras de una misma emoción, el orgullo positivo y el orgullo negativo

¿Con qué orgullo te quedas? ¿Con el orgullo lleno de confianza y valentía que nos empuja a levantarnos ante un fracaso o con ese orgullo soberbio e inseguro que no nos deja ni siquiera reconocer nuestras derrotas? Esta semana hablamos de dos tipos de orgullo y dos caras de una misma emoción que son prácticamente opuestas en todos los sentidos, el orgullo energizante vs.el bloqueante, el sano vs. el insano, el proactivo vs. reactivo, el seguro vs. el inseguro…dos tipos de orgullo que muchas veces se mezclan en nuestro interior y que es importante conocer para saber filtrar y poder dejar atrás su lado más insano. 

En psicología se definen dos tipos de orgullo, el positivo y el negativo. El orgullo positivo está relacionado con la autoestima y es un ingrediente fundamental de la lucha, del levantarse ante los fracasos o de una competitividad sana. Es el orgullo que redime a Scarlett Ohara al final de Lo que el viento se llevó y que le lleva a sacar fuerzas de donde parecía que no había; es la fuerza sobrenatural que lleva al tenista Rafa Nadal a remontar un partido casi perdido; es la confianza en si mismo que permite al jugador de baloncesto Ricky Rubio remontar un bache personal y seguir entrenando hasta ser el mejor jugador de un Mundial. Este tipo de orgullo sano se convierte muchas veces en gasolina para el cambio personal porque nos empuja a seguir mejorando y creciendo ante las adversidad. En este sentido es un maravillosa mezcla entre valentía, resiliencia, persistencia, humildad, flexibilidad, honestidad personal, mucho de ser consciente de uno mismo y mucho también de “Puedo conseguirlo!”.

Este tipo de emoción es la cara más positiva y sana del orgullo, es pura fuerza y si la exprimimos al máximo nos puede llevar muy lejos en la vida.

"A Dios pongo por testigo que no podrán derribarme. Sobreviviré, y cuando todo haya pasado, nunca volveré a pasar hambre, ni yo ni ninguno de los míos. Aunque tenga que mentir, robar, mendigar o matar, ¡a Dios pongo por testigo que jamás volveré a pasar hambre!" (Lo que el viento se llevó)

Pero la emoción del orgullo tiene dos caras. Su cara más insana es el orgullo negativo, una visión distorsionada de la autoestima y totalmente oscurecida por el ego y la falta de conciencia. Este tipo de orgullo negativo está muy relacionado con la soberbia. Podríamos decir que es una peligrosa mezcla entre vanidad, inseguridad, arrogancia y exceso de ego. Es ese orgullo que nos impide reconocer nuestros errores ante nosotros mismos y ante los demás. Que hace que creamos que lo sabemos todo y que nos impide analizar de manera objetiva nuestras debilidades. El hermano más insano del orgullo vive constantemente en el autoengaño personal, escondido detrás de una especie de coraza defensiva que se pone para evitar reconocer errores o enfrentarse a sus miedos y que justifica (y hasta alardea) como si fuese un aspecto positivo de si mismo. Con esta armadura tramposa el orgullo negativo se defiende del miedo al rechazo, al fracaso, a no estar a la altura, del miedo a mostrar sus debilidades. Una armadura con muchos puntos en contra porque esta fabricada de un metal opaco, pesado y rígido que nos inmoviliza mucho en la vida. Y lo peor de todo, creemos que debemos seguir llevándola porque sino nos quedaremos desnudos ante la vida, ante los fracasos o ante las críticas.

Este tipo de orgullo es una de los obstáculos que más se pueden observar en una terapia. Porque es como una manzana envenenada, llegamos a creer que es un ingrediente de nuestra personalidad pero es puro veneno para nosotros.  Por eso cuesta quitarla porque pensamos que deberíamos actuar así para proteger nuestra confianza personal pero lo único que hacemos es debilitarnos ocultando lo que podemos mejorar, nuestros fallos o nuestras debilidades. En terapia este orgullo bloquea el cambio personal y las relaciones interpersonales en muchos niveles. A nivel personal es una piedra en el camino personal porque nos impide ser consciente plenamente de nuestros puntos débiles (el primer paso para cambiar) y encima hace que nos justifiquemos,llenandonos la boca de razón, ira, frustración y ego.  Además también nos impide pedir ayuda a los demás con esa típica frase de “no pienso pedir ayuda por orgullo personal”. La gente orgullosa le cuesta muchísimo pedir ayuda poque eso significa de alguna manera reconocer su error o debilidad ante los demás. 

En cuanto a las relaciones interpersonales este tipo de orgullo es veneno puro. Para empezar es muy común escuchar la expresión “No voy a dar el primer paso por orgullo”. Una frase que las personas suelen utilizar cuando se les pide una reconciliación, un perdón o un acercamiento a otra persona. La persona orgullosa cree que son los demás los que se han equivocado, que son los otros los que tienen que cambiar y que por tanto ellos nada tienen que hacer, salvo protegerse para que los errores de los demás no les hagan daño. Eso provoca que nunca cedan en conflictos, que rompan muchas relaciones y que acaben generando una idea de que la culpa la tienen siempre los demás.Y de regalo se llenan de razón, de ira  y de rencor

Quitarse esta coraza envenenada del orgullo cuesta pero se puede conseguir. Por supuesto que se puede conseguir limpiar de veneno nuestro orgullo  y conseguir convertirlo en una energía sana que nos ayude a conseguir nuestras metas, mejorar nuestras relaciones y lo más importante, ser más felices.

Categoría: Recursos psicológicos

Etiquetas: Autoaceptación, Autoestima, ego, Emociones inútiles, Emociones útiles, Exito, Infelicidad, Inteligencia emocional, orgullo

Etiquetas de cine: Especiales

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Un comentario

  1. A veces me siento con mi orgullo al otro lado del espejo y me río de las historias que nos contamos. Ambos están allí, el sano y el insano, hacen parte de mi existencia y en ocasiones no logro evitar que alguno de los dos tome el mando.

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