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El victimismo, una actitud negativa que nos encadena a nuestros problemas

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“Nos quejamos cuando el agua de la ducha sale fría, pero ¿acaso valoramos cada vez que sale caliente?” (Christophe André)

Imagínate yendo en coche a una reunión importante, vas justo de tiempo y de repente se te pincha una rueda. Ante una situación así tienes dos opciones, puedes aceptar cuanto antes lo ocurrido y rápidamente buscar soluciones efectivas (avisar que llegas tarde, llamar a la grúa, cambiar la rueda o parar un coche para que te lleve). O también puedes desanimarte totalmente  ante el pinchazo, darte de golpes con la cabeza en el volante  y empezar a quejarte de la mala suerte que tienes, de que siempre te pasa igual, quejarte del estado de las carreteras, del taller que dijo que te había arreglado el coche, de tu manera de conducir, del gobierno, del inventor de la rueda… Bienvenidos al victimismo, uno de los enfoques menos efectivos y más inmovilizantes que existen, una actitud negativa de la que queremos hablar en un especial de dos partes. Esta semana definiremos lo que significa realmente esta actitud y en el siguiente hablaremos de cómo trabajarla a través de recursos y herramientas efectivas.

ESPECIAL VICTIMISMO

- El victimismo, una actitud negativa que nos encadena a nuestros problemas

– Cómo romper las cadenas del victimismo y ser feliz (parte I)

- Cómo romper las cadenas del victimismo y ser feliz (parte II)

(Escuchar a continuación este genial cuento que explica a la perfección las consecuencias del victimismo)

 

 

Una actitud muy inmovilizante que se aprende

El victimismo es una actitud que se aprende, la podemos crear nosotros mismos (víctima de mi mala suerte) pero también nos la enseña la sociedad (víctimas del envejecimiento), la cultura ( víctimas de acciones pasadas) o nuestros padres. Por ejemplo, ya desde pequeños nos pueden educar desde el victimismo con frases tan inocentes como cuando el niño se choca contra  una mesa y le decimos: “¡Mesa mala!”. El niño pequeño, inspirado por el adulto, asume que ha chocado contra una mesa por culpa de la mesa, provocando que se queje o se enfade y no aprenda que ha sido él, y no la mesa, quien ha provocado su dolor. Y puesto que con los años el niño se convertirá  en adulto, a menos que abandone ese victimismo, seguirá culpando a los demás, a las circunstancias e incluso a la vida cada vez que choque contra cualquier persona, cosa o situación que le produzca dolor.

Nos quejamos de nuestra jefa, de nuestra empresa, de los hombres, de las mujeres, de la vida que tenemos, del gobierno, del pasado, de nuestras relaciones…pero ¿acaso nos responsabilizamos de que somos nosotros quienes los hemos elegido y que tenemos poder de cambiar las cosas o incluso de aceptar que no podemos cambiarlas? Solemos poner a parir a  nuestro jefe y a nuestra empresa, pero ¿acaso nos responsabilizamos de que somos nosotros quienes hemos escogido nuestra profesión y nuestro lugar de trabajo? Y en definitiva, solemos lamentarnos de que nuestras circunstancias actuales son como son, pero ¿acaso nos responsabilizamos de que estas son el resultado, en gran medida, de las decisiones que hemos ido tomando a lo largo de nuestra vida?

Las actitudes victimistas son como unas esposas (de esas de la policía) elegidas por nosotros con las que nos encadenamos a cualquier situación adversa, tiramos las llaves al río y encima nos quejamos por todo ello. Nos esposamos a aquellas circunstancias que no nos gustan, inmovilizados, con la sensación resignada de que hagamos lo que hagamos no podemos cambiar nada y casi lo peor de todo, gastando toda nuestra energía en quejarnos de manera patológica.

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Obviamente en algún momento hemos sido víctimas temporales de alguna situación, incluso podemos ser víctimas reales de guerras, dictaduras, desastres naturales, enfermedades, accidentes, etc….Debemos diferenciar una cosa de la otra, podemos ser víctima de algo pero no caer en el victimismo, el victimismo conlleva una sensación crónica de sentirse víctima, es una “hinchazón del hecho de ser víctima”. Una postura completamente diferente a la que adoptan por ejemplo la gente resiliente, capaces de enfrentarse e a situaciones gravísimas en su vida, aceptando, luchando, buscando opciones, pero que nunca se sentirán victimas de absolutamente nada.

También hay que diferenciar una queja efectiva de una queja victimista, cuando hablamos de quejarse, no queremos decir que haya que quedarse quietos en la vida, por supuesto que no, podemos quejarnos y luchar por lo que necesitamos, poner límites en las relaciones o pelear a muerte por nuestros derechos, pero las quejas tienen que ser eficientes, concretas  y proactivas. La queja victimista es una posición 100% reactiva, pasiva y en el fondo cómoda porque nos quedamos  donde estamos resignados, quejumbrosos, sin esforzarnos para hacer nada, ni aceptar ni cambiar. Una postura que nos atrapa sin salida entre esa circunstancia que no nos gusta y la impotencia de la queja constante.

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Los beneficios secundarios

¿Por qué la gente es tan victimista entonces? Si  tan negativa es esta actitud, ¿cómo es posible que sigamos cayendo en ella una y otra vez en ella? Una respuesta a esta pregunta están en los beneficios secundarios que genera, beneficios tramposos que hace que sigamos manteniéndola aunque nos vaya horriblemente. El victimismo es muy adictivo. Por ejemplo, quejarse puede tener alguna consecuencia  positiva a muy corto plazo (quejarse a veces sienta bien porque nos desahogamos y compartimos nuestras sensaciones con los demás) pero se este beneficio puede volverse una trampa cuando lo alargamos. Si en un primer momento la queja hace que las personas que nos rodean, al vernos tan hundidos y desvalidos nos intenten ayudar (al generar empatía y compasión en los demás),  a medio y largo plazo conseguiremos el efecto contrario, la gente se va a alejar de nosotros por desgaste. Cuando intentamos ayudar a un victimista, da igual que le digamos que no habrá manera de vencer a su negatividad y su queja, el victimista da igual lo que le ayuden, los consejos que les den, las opciones que les proponga que nunca le llega nada, sigue quejándose constantemente e bucle haciendo que la gente se canse y se aleje. El victimismo funciona para muchas personas como un intento de ser el centro de atención (todo vale para que la gente te haga caso) pero es muy fácil que finalmente los demás acaben rechazándolos.

Otro beneficio secundario del victimismo es esa especie de inmunidad que creemos tener y que a su vez provoca que todo lo que digamos sea una verdad absoluta. Todo lo que decimos tiene una razón, todo lo que hacemos  es bien intencionado, todo lo que pensamos es legítimo. Por ejemplo, yo estoy convencido de que mi vida me ha ido mal por la mala suerte y eso me da esa sensación de absoluta legitimidad para quejarme lo que haga falta y a quien haga falta. Además de esta manera podemos usarlo como chantaje emocional con otras personas, hacerles sentir culpables o malas personas por no hacernos caso y finalmente conseguir lo que queremos

Por último, muchas veces mantenemos una actitud victimista ante la vida porque nos quitamos toda la responsabilidad de encima. Ser responsables de nuestra vida no es una tarea nada fácil así que con el victimismo nos libramos de ella y santas pascuas, todo arreglado, nada de tener que elegir, ni tomar decisiones, ni de aceptar , ni de superar el pasado, ni de arriesgarse, ni de tener que aprender  a gestionar nuestra emociones…Todo es más fácil (pero más terrible) con el victimismo.

Es mucho más fácil ser feliz… es mucho mas fácil elegir amar las cosas que tienes en vez de anhelar siempre lo que te falta o lo que tu te imaginas que te falta.

El engranaje del victimismo

Como decimos, el victimismo nos hace caer en una especie de impotencia y frustración absoluta  debido a la idea de que no tenemos ninguna o casi ninguna capacidad para ejercer una influencia positiva sobre las circunstancias. Podemos hacerlo conscientemente, reconociendo abiertamente esa sensación de indefensión (por ejemplo, estar preocupado por si me despiden del trabajo). O de una manera aún peor, cuando pensamos  o actuamos  de esa manera sin llegar a saberlo (por ejemplo, quejándome de que estoy enfermo  cuando realmente lo que me pasa es que tengo un trastorno de ansiedad debido a mi miedo a la enfermedad)

El funcionamiento del victimista funciona como un círculo vicioso, uno se compadece de manera excesiva, cae en círculos infinitos de queja, busca que los demás le den la razón en sus quejas e  incluso se regodea en su sensación de falta de control. Un enfoque totalmente distorsionado de la realidad que hace que  pierda la perspectiva de lo que está ocurriendo y por lo tanto no sea capaz de buscar un enfoque de solución de problemas. Algo que a su vez le dará la razón en su indefensión y aumentará sus quejas e impotencia. Y así hasta el infinito.

La fuente de nuestro victimismo puede ser cualquiera, desde que se nos haya quemado la comida, hasta el hecho de no ser feliz pasando por la mala suerte, la soledad o los fracasos de cualquier tipo. Veamos a continuación algunos ejemplos de fuentes victimistas:

Malas decisiones en el pasado. “¿Por qué tuve que estudiar aquella carrera? Mi vida ahora es una porquería”

Una mala educación o padres complicados. “Por culpa de mis padres soy así”

Circunstancias adversas en el pasado. “Aquella ruptura inesperada me marcó la vida. Sigo sola por culpa de lo ocurrido”

El trabajo. “Que asco de trabajo, no puedo con él”

La vida. “La vida me ha dado muchos palos y ya no puedo más.”

-  Nuestras emociones. “Vaya desastre, cuando me entra el desánimo no puedo hacer nada”

Los demás. “Pepito de me pone de los nervios, por su culpa estoy deprimida”

-  Nuestros genes. “No intento ligar nunca porque soy muy feo y no tengo solución.”

El amor/desamor. “Los hombres son todos iguales, siempre me ha ido mal en las relaciones por su culpa.”

La mala suerte o el destino. “Me ha despedido del trabajo. Vaya mala suerte que tengo. Contra esto no puedo luchar.”

Errores o fracasos. “¿Por qué tuve que decirle eso a mi amiga? Soy una desastre.”

La realidad que nos rodea. “Qué asco de tiempo, no para de llover, así no hay qiuen viva.”

Enfermedades o discapacidades. “Esta alergia ha arruinado mi vida, ya no puedo hacer lo que hacía ante. Esto es lo peor”

Nuestra pareja. “Mi novia me hace la vida imposible, por su culpa soy infeliz”

El futuro. “Seguro que me va a salir mal este trabajo, siempre me pasa igual”

El pasado es solo una historia que nos contamos a nosotros mismos.

Y aquí van algún ejemplo de frases, gestos  e interjecciones que se suelen repetir una y otra vez y que son parte del repertorio de una persona victimista:

- “Si al menos… las cosas fuesen diferentes.”

- “Por su culpa estoy así.” ”Estoy nervioso/ deprimido/agobiada…por su culpa.”

- “Nadie me entiende, estoy así de mal por culpa de esta enfermedad/gen/circunstancia…”

- “Todo me va mal.”

- “Él (ella, ellos, ello) me pone furiosa (ansiosa, triste, etc.).”

 - “Yo no puedo hacer nada para cambiar, siempre he sido así.””Da igual lo que haga, todo va a seguir así.”

- “Desearía poder hacerlo todo otra vez. Entonces las cosas serían diferentes.” “Ojalaá no me hubiese pasado eso.”

- “Estoy mayor para cambiar.”

- “Que asco de vida.” “Que mierda todo.”

- “Soy un fracasado/a”

- “Mi jefe/vecino/pareja… me pone enfermo”

- “La culpa de mi infelicidad la tienen mis padres, los hombres, las mujeres, la sociedad…”

Suspiros, bufidos, o interjecciones estilo “ ¡Que mal” “ Que desastre” “No puedo más” “Pobre de mi”

- “Que mala suerte tengo”

- Insultos estilo “Vaya mierda” “Me cago en todo” “Que putada”

- Intentar convencer a los demás de lo terrible que es nuestro problema usando incluso el chantaje emocional. “Estoy muy mal, por tu culpa estoy así.”

- Tener la sensación de que nadie nos entiende “Nadie me entiende, no saben realmente la cruz que tengo encima”

Categoría: Otros

Etiquetas: Actitudes Erróneas, Actitudes negativas, Exito, Infelicidad, Victimismo

Etiquetas de cine: Especiales

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