Duelo - FILMOTERAPIA

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2 cortos de verano (parte II)

Viernes, Julio 30th, 2010

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Continuamos esta semana con otros dos refrescantes cortometrajes de animación, de corta duración pero de una gran intensidad filmoterapeutica, perfectos para esta época del año. Dos ganadores del oscar al mejor cortometraje, Harvey Krumpet (22 minutos de duración), ganadora en el  2003. Y Padre e hija (8 minutos de duración), ganadora en el  2000.

Que lo disfruten

HARVEY KRUMPET, Australia (2003)

Cuando pensamos en la superación personal enseguida nos vienen a la mente imágenes como la de un campeón olímpico, una empresario con éxito, la lucha contra una enfermedad mortal o la superación de un grave infortunio, pero la superación personal no tiene porque ser llegar a metas grandiosas, realizar escaladas inverosímiles o acometer actos admirables. La superación personal también puede ser conseguir tener una vida corriente, una vida que todos dan por supuesta pero que en ocasiones su realización exige más vitalidad y ganas de vivir que muchas acciones que podamos emprender.

Tener un trabajo, un sueldo digno, conocer a alguien, disfrutar de pequeños placeres, convivir con algún déficit, formar una familia. Son aspectos que hoy en día consideramos como básicos en nuestras vidas, no los saboreamos ni los disfrutamos porque es lo que debemos hacer y tener, luego quizás seamos felices, pero en Harvey Krumpet nos demuestra en el cortometraje que vivir la vida, por muy normalita y simple que sea es también superarse y triunfar en la vida. Muchas personas creen que su felicidad está determinado por extraordinarios logros en vida y cuanto mas logros mas felicidad, pero Harvey Krumpet nos confirma lo contrario, cuando una persona mayor mira hacia atrás en su vida, habitualmente encuentra que la satisfacción que recibió de las relaciones y del modo en que vivió fue mucho mas importante de lo que hizo y consiguió. Por eso nuestro mayor éxito en la vida, nuestra mayor superación personal quizás sea aprender a vivir, a vivir la vida, a vivir nuestra vida.

Filmoterapia

“Este cortometraje es un homenaje a todos aquellos que lejos de cargar únicamente con sus propias dificultades asumen con ilusión las de otros a cambio de su amor y cariño. Harvie Krumpet es un canto a la vida y a la lucha por la dignidad de las personas, un reclamo para todos aquellos que no son capaces de alzar su propia bandera (Harvie optará por el nudismo y la defensa de los derechos de los animales, así como por un filantrópico estilo de vida donde su principal interés, queriendo o sin querer, será su entorno próximo). Adam Elliot consigue una lograda historia que además de encomiable en lo técnico explora muchos de los problemas sociales y políticos del siglo XX y, por supuesto, XXI. En cierto sentido nos encontramos una crítica frente a la pérdida de los lazos familiares en medio de un mundo globalizado y exigente*, el drama de la pérdida de raíces a causa de las catástrofes bélicas**, los bienes que nos reporta el vivir como un niño consciente hasta cierto punto de las responsabilidades: ese es el verdadero superhombre, aquel que nunca se olvida de cómo jugar, de disfrutar de los pequeños placeres de la vida que bien pueden ser cualquier bocanada de aíre fresco o el simple momento en que acariciamos la cama para irnos a dormir. Hay reflexiones en torno a la propia eutanasia***. Un film completísimo que tan sólo dura 22 minutos. Yo casi diría que es un auténtico milagro el modo en que queda perfilada la personalidad de este entrañable Harvie Krumpet, al cual es imposible no querer”(Crítica de Davilochi(Filmaffinity))




PADRE E HIJA, Holanda (2000)

La muerte se lleva todo lo que no fue pero nosotros nos quedamos con lo que tuvimos” (Rabino Mario Rojzman)

Padre e hija es un corto que con una hermosa melancolía nos habla sobre la vida, sobre los recuerdos de las personas que añoramos y que ya no están con nosotros. Caminamos nuestro camino en vida, muchas veces solos y muchas otras acompañados, y en algún punto de nuestro camino alguien quien nos acompaña, alguien a quien tanto amamos se va, muere, desaparece de nuestras vidas, Seguimos con nuestra existencia pero de vez en cuando nos gusta volver a aquel punto en aquel sendero en donde esta persona desapareció y recordarlo, esperarlo en nuestra memoria, sintiendo que si así lo hacemos volverá con nosotros , aunque sea en nuestros sentimientos y emociones. Recordar al que ya no está es necesario para una vida plena, es parte del proceso del duelo. Superar con éxito el duelo por la muerte de un ser querido no es olvidar, es aceptar que ya no está, es aceptar lo que hemos vivido juntos, es aceptar que está en nuestra memoria, es aceptar al fin y al cabo a convivir con nuestro pasado y nuestro presente.

Filmoterapia

“¿Cómo es posible que cuatro trazos sobre el papel, levemente esbozados, expresen tanta humanidad? Sin palabras, sin apenas gestos. Personajes que parecen sombras.

Padre e hija es la historia de una despedida. Un padre que tiene que partir, tal vez para siempre, pero su hija no pierde la esperanza de volver a verlo, y por eso acude puntualmente a la cita, todos los meses, todos los años, mientras crece, forma su familia y mira con melancolía el horizonte. Envejece, pero el deseo de su corazón de niña nunca se desvanece.

Perfecto en su argumento, en la técnica de animación, en la música, en los colores, Dudok De Wit conjuga sensibilidad, cariño, sencillez, congoja, tibieza, nostalgia y melancolía en 8 minutos y 15 segundos. Infinidad de detalles que descubrir y observar.“(Crítica de Helen (Filmaffinity))



GENTE CORRIENTE

Viernes, Febrero 26th, 2010

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Tras la exitosa entrevista a Fernando Colomo de la semana pasada continuamos  con nuestro especial sobre el duelo con la crítica filmoterapeutica de Gente Corriente, un contundente  drama y opera prima de Robert Redford como director . Aclamada por crítica y público, esta cinta ganó en 1980 los oscar a la mejor película, mejor director, mejor actor secundario (soberbio Timothy Hutton) y mejor guión adaptado.

Gente Corriente es uno de los mejores ejemplos del duelo complicado. Muchas dificultades en distintos duelos, dentro de una familia en la que cada miembro hace su carrera de distinta forma, sin saber siquiera si están yendo a la misma meta o si han elegido el mismo medio para llegar.La muerte, en cualquier caso, supone para las personas cercanas un acontecimiento traumático.

gente-corriente4Tras casi un año de la muerte de su hermano mayor Buck, Conrad aún se encuentra abatido. Le cuesta comer, no duerme bien, tiene pesadillas en las que revive una y otra vez lo ocurrido, está desconcentrado y absorto. Su intento de suicidio le obliga a pasar 4 meses en el hospital, y ahora en casa intenta seguir adelante sin mucho ánimo. Esto viene dificultado además por la tensa y fría relación que tiene con su madre. Sin embargo, su padre se preocupa constantemente por él, le apoya, intenta hablar y relacionarse con su hijo, y le recomienda que acuda a un psiquiatra. Una vez más, encontramos en el cine un Trastorno por Estrés Postraumático real y doloroso muy bien logrado.

Presentamos a continuación a los personajes de la película y sus puntos fuertes y débiles.

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Calvin, el padre: un hombre preocupado por lo suyos, que intenta seguir con su vida, su trabajo, sus costumbres. Y aunque aparentemente lo va consiguiendo, ver a su hijo bloqueado en su angustia, y en su falta de contacto con su madre, le supone un gran impedimento en su evolución. Hasta el punto en que él también estalla.

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Beth, la madre: una mujer que vive hacia afuera, hacia la buena imagen, le pueden las apariencias y lo que digan los otros. Así, se disfraza de una falsa sonrisa de cara al mundo, incluida su familia. En el entierro de su hijo, se aguantó esa carga interna, y tampoco lloró. Su buena relación con Bach, y su gran parecido a Conrad, le va a llevar a una relación de culpas y sentimientos negativos soterrados, con éste, su hijo más pequeño, ahora el único. Su absoluta evitación de sus emociones, le llevará siempre por el mismo camino. Uno distinto al de su familia.
Le dice Calvin a su mujer en un momento de explosión: “Todo habría ido muy bien sin problemas. Pero tú no resistes los problemas, disturban tu orden. Cuando murió Buck, parece que enterraste tu amor con él. O quizás tus mejores virtudes”.

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Conrad, el hermano pequeño: un chico que ha visto en un accidente en el mar cómo perdía a su hermano mayor sin poder hacer nada, y él en cambio, sobrevivía, sin ningún tipo de explicación ni argumento con los que razonar. Se intenta suicidar con intención real, pero no lo consigue. Y tras 4 meses ingresado en el hospital, vuelve a su estado de abatimiento. Al igual que su madre, intentará evitar sus emociones, pero acudirá a un psiquiatra, de vertiente cognitiva, por cierto, en su empeño de “querer controlar las situaciones para que nadie se preocupe por él”. Y ante su total consciencia de no poder más.

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Buck, el hermano mayor: muere en un accidente. Su muerte supone un trauma para toda la familia, quizás con mayor profundidad para Conrad, al haber estado con él en ese momento, en esa situación y verle morir.

Un detalle muy importante en la película, es cuando entra Beth en la habitación de su hijo fallecido, y vemos todo exactamente igual, como si aún estuviese en casa, con sus fotos, sus recuerdos, su ropa. Esto supone un gran factor de riesgo, es una de las zanjas que pueden llevar a optar por otro camino equivocado, el duelo complicado. Podría tener igual de importancia que los ritos funerarios, es una de las dificultades que en sí mismas facilitan el proceso de duelo, la superación y el adiós.
Cuando por fin Conrad rememora en alto el accidente, se va deshaciendo el nudo, vive su culpa, su sentimiento.

gente-corriente12Poco a poco, con la ayuda del psiquiatra, empieza a aprender a decidir pequeñas cosas en su vida, a evitar eso que tanto buscaba, controlar sus emociones. A conocer esas distorsiones que le envenenan la mente, a comprender que se siente culpable por él estar vivo y su hermano muerto, y de esta forma, perdonarse a sí mismo. Y de paso entender que no puedes obligar a nadie a quererte de una forma. Le dice el psiquiatra “Las cosas hay que verlas en sus dimensiones…Un problema real tiene una solución real”. Y así, aprende también a sentir esas emociones en negativo y en positivo, a ponerles nombre, a verlas de cara, y a abrirse a otro tipo de miradas. Sólo así va a ser capaz de saber reconocer un nuevo sentimiento, agradable y emocionante, el sentir algo por alguien, el “amor”.

Así es “Gente Corriente”, ese título que concierne al sufrimiento de una familia adinerada y feliz, que en un accidente que podría haber sufrido cualquier familia en cualquier lugar, pierden a una persona querida para ellos. Y se convierte entonces su vida en un duelo, en un sufrimiento, el mismo y no más ni menos especial que otro cualquiera. Al final, nada nos diferencia, y nada nos deja ser iguales. Así se ven las cosas desde fuera.

O.B.H

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SINOPSIS.Conrad acaba de salir del hospital después de haber intentado suicidarse a raíz de la desaparición de su hermano muerto en un accidente. Mantiene una relación muy tensa con su madre y un gran sentido de culpabilidad. Aunque visita todas las semanas al psiquiatra, no se siente a gusto hasta que conoce a una compañera del coro y empiezan a salir juntos. (FILMAFFINITY)

Extracto de la crítica de Munny (filmaffinity)

I love you too.

(…)Ordinary people trata de encontrar respuestas a estas cuestiones; háganme caso, una película monumental, sencilla pero magistral…una pequeña obra maestra que no trata de enseñar, sino de mostrar. Un pequeño cuento de otoño para ver de vez en cuando. Una mañana te levantas, y te das cuenta de que todo puede cambiar, aunque sea otoño y haga frío afuera. Porque en la vida se evoluciona constantemente…nada es eterno, ni mucho menos. Pues eso, Timothy Hutton se levantó, a falta de cinco minutos para acabar la película, y se dio cuenta de todo esto.


EL DUELO (PARTE I)

Viernes, Febrero 12th, 2010

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La muerte en la vida y en el cine. ¿Cómo la afrontamos? Si nos viene de golpe, si alguien nos hace daño, si la esperamos a corto plazo, si la elegimos y decidimos, si no sabemos si está. Cada acontecimiento de la vida, ahí está en el cine, tan rápido que podría parecer provocado por el propio director.

Igual que existe la vida, tiene que existir la muerte. Es parte de un ciclo necesario, omnipotente y universal. Todo lo que nace, muere. Pero nunca estamos preparados para afrontar una muerte cercana.

Nunca la concienciación es suficiente, ni son alivio las despedidas. Nunca hay suficientes razones para comprender que tocaba turno. Pero quizás es ese golpe tan fuerte e inesperado, tan nuevo e irreal, el que en un momento dado nos deja seguir adelante. Ciegos, sin perspectiva, sin creerte ahora protagonista de tu vida y menos aún, sin creer la ausencia de uno de los personajes principales.

“Es duro, nadie a quien no le haya pasado, sabe lo que es esto, y aún así…”.

duelo5Pero la psicología entra para estudiar el sufrimiento, para enseñar a mejorarlo, minimizarlo, voltearlo. Y también para manejar y controlar los sentimientos positivos y así maximizarlos en todos los contextos.

Es dura, de cualquier forma, una pérdida personal. Se necesita ayuda para comprender, muchas veces para comprender que se pueden cambiar los esquemas que hasta ahora teníamos. Y muchas otras veces, esa ayuda se la va fabricando uno a sí mismo de forma instintiva.

El duelo, esa lucha interna y de dentro hacia afuera. Un debate que resulta fundamental para primero poner sobre la mesa lo que ha pasado, qué hemos perdido, de qué manera. Y una vez ahí visible, relativamente comprendido, debatir entre emociones muy fuertes, que darán lugar a estados de ánimo… y a la verdadera contienda que nos llevará a decidir y que llevará meses e incluso años.Nuestro instinto de supervivencia funciona cuando nos creemos al borde.

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El cine da uso de la vida y la muerte de la misma forma que no son pocas las ocasiones en las que puede prescindir de los protagonistas y antagonistas. Puede tratarla sin importancia, dándole salida a la ficción en forma de muertes sin valor. De hecho, los medios de comunicación han llegado a este punto a la hora de restarnos casi toda la sensibilidad al ver y hablar de muertes a diario. Pero muchas veces el cine sí le da un sentido real, tremendamente cercano, doloroso.

Y eso puede servir de mucha ayuda para poner un paréntesis en nuestras vidas y sentirnos comprendidos de manera trascendental, al comprenderlo más como un punto al que todos llegamos y sufrimos, que nadie nos va a quitar, pero de alguna forma se suaviza la angustia que estás viviendo en solitario.

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Os presentamos a continuación una serie de películas que trata distintas formas de duelo ante una pérdida personal.

“Tres colores: azul” (Krzysztof Kieslowski, 1993)

Julie pierde en un accidente de coche a su hija y a su marido. A lo largo de la película el director, Kieślowski, consigue representar muy transparentemente la lucha que mantiene Julie entre querer vivir y querer morir. Mediante el azulado que acompaña toda la película, Kieslowski quiere significar la libertad de vivir la vida en sí misma, en confrontación con otros tonos azules que son su pasado, sus ataduras.

“Las horas” (Stephen Daldry, 2002)// “Wilbur se quiere suicidar” (Lone Scherfig, 2002)

En estas 2 películas se trata el suicidio en 2 formas casi opuestas. Un suicidio consumado, producto de emociones negativas persistentes y obsesivas y un trastorno, frente a continuos intentos de suicidio como grito a la atención, al cambio, a la búsqueda de nuevas condiciones. Wilbur “sólo” necesita transformar su negatividad en una actitud positiva, así se descubre una nueva vida que difícilmente con tus ojos anteriores podías vislumbrar.


“United 93″ (Paul Greengrass, 2006)

Un atentado que todos conocemos. Seguramente, los supervivientes, las familias, los que estuvieron casi allí y los intervinientes, habrán necesitado muchas formas de ayuda, al ser muertes numerosas, repentinas, y sobre todo, incomprensibles. Nadie a quien le ocurra eso puede entender que a ellos, que no han hecho nada, les toque sufrir un castigo en forma de atentado. En estos casos puede haber un duelo muy complicado, con imágenes repetitivas, sentimientos de culpa, bloqueo en la continuidad de sus vidas…

Es posible que para las familias que ayudaron a hacer esta película, como en “Vals con Bashir”, les sirviese de terapia la exposición gradual a los hechos.

“La tumba de las luciérnagas” (Isao Takahata, 1988)

Esta película de animación trata una guerra, muchas pérdidas, y la supervivencia de 2 hermanos pequeños explicada por la fuerza sobrenatural que les lleva a necesitar cuidarse el uno al otro bajo las peores condiciones. No queda otra que seguir adelante, en estas situaciones extremas, lloran la muerte de sus familias y de sus anteriores vidas, de camino a su propia salvación.

“Las invasiones bárbaras” (Denys Arcand, 2003)

Rèmy tiene un cáncer terminal y no consigue aceptar la idea de que en poco tiempo se va a morir. Con la ayuda de su ex-mujer, consigue juntar a sus personas importantes, hacer ciertos detalles pendientes, y así, en un ambiente de despedida camuflada por buenos ratos, todos irán asimilando la idea. Aunque asimilar y vivir nunca es del todo suficiente.

“Mystic river” (Cleant Eastwood, 2003)

Encontrar como padre a tu hija de 19 años asesinada en un bosque, y que no te permitan ver el cuerpo, es el peor de los inicios para poder superar una muerte tan dura. Primero de todo, es tu hija, y no es lo natural que muera antes que tú. Segundo, la han asesinado violentamente y no sabes quién ha sido. Tercero, ante tu estado de ansiedad, lo único que hacen es contenerte, no responderte a la pregunta de si es tu hija, y llevarte a otro sitio lejos de allí, con lo cual, en el momento en que necesitas asegurarte por ti mismo y tener una prueba con tus ojos, no dejan que puedas verla. Y cuarto, es tu amigo el que está llevando el caso, el que no te da la respuesta que quieres oir, y el que ordena que lo alejen, y con este amigo tiene algo pendiente.

Esto puede generar otro duelo complicado, y en este caso peligroso, por el grado de ira, rabia y el instinto vengativo que tiene Jimmy, el padre de la chica. Y no sólo esto, sino que si no se trata bien, puede dar lugar a un trastorno por estrés postraumático.

“Adiós, pequeña, adiós” (Ben Affleck, 2007)

Es éste el caso de la desaparición de una niña de 4 años que es secuestrada. En las desapariciones de este tipo, si son largas en el tiempo, supone una angustia muy profunda y perturbable, ya que cuentas con la esperanza de que esté viva, pero a la vez, con una probabilidad muy alta de que esté muerta y encima no se pueda encontrar el cadáver.

Los ritos funerarios, ya sean religiosos o culturales, muchas veces son necesarios y facilitadores en el proceso de asimilación. Si no hay cuerpo, el rito funerario no se puede hacer, o si se hace, no le otorga la realidad total a la situación y se queda a medias.

En estos ejemplos vemos que el duelo, para bien o para mal, es un mecanismo natural del ser humano, como la costra que se forma en una gran herida. Lo importante es seguir adelante de la forma que el instinto marca, y si es necesario, pedir ayuda. Hay que tener cuidado con los bloqueos en cualquiera de las llamadas fases del duelo, el shock inicial, la culpa, la ira, la tristeza, y la aceptación. Y sobre todo, hay que darse un margen y la “tranquilidad” de que es necesario el tiempo para estar mejor, que no se trata de olvidar, ni de sustituir, sino de hacer calmar una nostalgia muy profunda.

O.B.H.

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