Febrero 2010 - FILMOTERAPIA

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GENTE CORRIENTE

Viernes, Febrero 26th, 2010

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Tras la exitosa entrevista a Fernando Colomo de la semana pasada continuamos  con nuestro especial sobre el duelo con la crítica filmoterapeutica de Gente Corriente, un contundente  drama y opera prima de Robert Redford como director . Aclamada por crítica y público, esta cinta ganó en 1980 los oscar a la mejor película, mejor director, mejor actor secundario (soberbio Timothy Hutton) y mejor guión adaptado.

Gente Corriente es uno de los mejores ejemplos del duelo complicado. Muchas dificultades en distintos duelos, dentro de una familia en la que cada miembro hace su carrera de distinta forma, sin saber siquiera si están yendo a la misma meta o si han elegido el mismo medio para llegar.La muerte, en cualquier caso, supone para las personas cercanas un acontecimiento traumático.

gente-corriente4Tras casi un año de la muerte de su hermano mayor Buck, Conrad aún se encuentra abatido. Le cuesta comer, no duerme bien, tiene pesadillas en las que revive una y otra vez lo ocurrido, está desconcentrado y absorto. Su intento de suicidio le obliga a pasar 4 meses en el hospital, y ahora en casa intenta seguir adelante sin mucho ánimo. Esto viene dificultado además por la tensa y fría relación que tiene con su madre. Sin embargo, su padre se preocupa constantemente por él, le apoya, intenta hablar y relacionarse con su hijo, y le recomienda que acuda a un psiquiatra. Una vez más, encontramos en el cine un Trastorno por Estrés Postraumático real y doloroso muy bien logrado.

Presentamos a continuación a los personajes de la película y sus puntos fuertes y débiles.

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Calvin, el padre: un hombre preocupado por lo suyos, que intenta seguir con su vida, su trabajo, sus costumbres. Y aunque aparentemente lo va consiguiendo, ver a su hijo bloqueado en su angustia, y en su falta de contacto con su madre, le supone un gran impedimento en su evolución. Hasta el punto en que él también estalla.

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Beth, la madre: una mujer que vive hacia afuera, hacia la buena imagen, le pueden las apariencias y lo que digan los otros. Así, se disfraza de una falsa sonrisa de cara al mundo, incluida su familia. En el entierro de su hijo, se aguantó esa carga interna, y tampoco lloró. Su buena relación con Bach, y su gran parecido a Conrad, le va a llevar a una relación de culpas y sentimientos negativos soterrados, con éste, su hijo más pequeño, ahora el único. Su absoluta evitación de sus emociones, le llevará siempre por el mismo camino. Uno distinto al de su familia.
Le dice Calvin a su mujer en un momento de explosión: “Todo habría ido muy bien sin problemas. Pero tú no resistes los problemas, disturban tu orden. Cuando murió Buck, parece que enterraste tu amor con él. O quizás tus mejores virtudes”.

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Conrad, el hermano pequeño: un chico que ha visto en un accidente en el mar cómo perdía a su hermano mayor sin poder hacer nada, y él en cambio, sobrevivía, sin ningún tipo de explicación ni argumento con los que razonar. Se intenta suicidar con intención real, pero no lo consigue. Y tras 4 meses ingresado en el hospital, vuelve a su estado de abatimiento. Al igual que su madre, intentará evitar sus emociones, pero acudirá a un psiquiatra, de vertiente cognitiva, por cierto, en su empeño de “querer controlar las situaciones para que nadie se preocupe por él”. Y ante su total consciencia de no poder más.

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Buck, el hermano mayor: muere en un accidente. Su muerte supone un trauma para toda la familia, quizás con mayor profundidad para Conrad, al haber estado con él en ese momento, en esa situación y verle morir.

Un detalle muy importante en la película, es cuando entra Beth en la habitación de su hijo fallecido, y vemos todo exactamente igual, como si aún estuviese en casa, con sus fotos, sus recuerdos, su ropa. Esto supone un gran factor de riesgo, es una de las zanjas que pueden llevar a optar por otro camino equivocado, el duelo complicado. Podría tener igual de importancia que los ritos funerarios, es una de las dificultades que en sí mismas facilitan el proceso de duelo, la superación y el adiós.
Cuando por fin Conrad rememora en alto el accidente, se va deshaciendo el nudo, vive su culpa, su sentimiento.

gente-corriente12Poco a poco, con la ayuda del psiquiatra, empieza a aprender a decidir pequeñas cosas en su vida, a evitar eso que tanto buscaba, controlar sus emociones. A conocer esas distorsiones que le envenenan la mente, a comprender que se siente culpable por él estar vivo y su hermano muerto, y de esta forma, perdonarse a sí mismo. Y de paso entender que no puedes obligar a nadie a quererte de una forma. Le dice el psiquiatra “Las cosas hay que verlas en sus dimensiones…Un problema real tiene una solución real”. Y así, aprende también a sentir esas emociones en negativo y en positivo, a ponerles nombre, a verlas de cara, y a abrirse a otro tipo de miradas. Sólo así va a ser capaz de saber reconocer un nuevo sentimiento, agradable y emocionante, el sentir algo por alguien, el “amor”.

Así es “Gente Corriente”, ese título que concierne al sufrimiento de una familia adinerada y feliz, que en un accidente que podría haber sufrido cualquier familia en cualquier lugar, pierden a una persona querida para ellos. Y se convierte entonces su vida en un duelo, en un sufrimiento, el mismo y no más ni menos especial que otro cualquiera. Al final, nada nos diferencia, y nada nos deja ser iguales. Así se ven las cosas desde fuera.

O.B.H

Filmoterapia

SINOPSIS.Conrad acaba de salir del hospital después de haber intentado suicidarse a raíz de la desaparición de su hermano muerto en un accidente. Mantiene una relación muy tensa con su madre y un gran sentido de culpabilidad. Aunque visita todas las semanas al psiquiatra, no se siente a gusto hasta que conoce a una compañera del coro y empiezan a salir juntos. (FILMAFFINITY)

Extracto de la crítica de Munny (filmaffinity)

I love you too.

(…)Ordinary people trata de encontrar respuestas a estas cuestiones; háganme caso, una película monumental, sencilla pero magistral…una pequeña obra maestra que no trata de enseñar, sino de mostrar. Un pequeño cuento de otoño para ver de vez en cuando. Una mañana te levantas, y te das cuenta de que todo puede cambiar, aunque sea otoño y haga frío afuera. Porque en la vida se evoluciona constantemente…nada es eterno, ni mucho menos. Pues eso, Timothy Hutton se levantó, a falta de cinco minutos para acabar la película, y se dio cuenta de todo esto.


ENTREVISTA, FERNANDO COLOMO

Jueves, Febrero 18th, 2010

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No os perdáis la charla de esta semana con el director de cine Fernando Colomo, uno de los mas importantes representantes del cine español de las últimas tres decadas, en exclusiva para Filmoterapia.

Analiza con nosotros aspectos del cine como terapia, aportando interesantes reflexiones sobre la filmoterapia y comentando alguna de sus películas mas “terapeuticas”.

O.B.H.: Llevamos un proyecto que se llama Filmoterapia. Consiste en ver el cine como otro estilo de terapia psicológica, individualizada, porque a cada uno le coge de distinta manera. Así, ahondamos más en nosotros mismos. Y preferimos e impulsamos más las que tienden a transformar en positivo.
Por ejemplo, a Ari Folman, el director de “Vals con Bashir“, su documental de animación le sirvió como descubrimiento de sí mismo, se trató un Trastorno por Estrés Postraumático que le había provocado la guerra del Líbano, en la que había sido partícipe. El tener que hacer investigaciones, hablar con antiguos compañeros de guerra, y forzarse a recordar, le valió como terapia.

Fernando Colomo: Sí, me gustó mucho esa película. Es como una autoconfesión, muy sincera y muy bien hecha. Necesitamos ese filtro de animación para digerirla.

O.B.H.: Hacer una película, de alguna manera, es como vivir un trozo de otra vida, ¿no es así? He oído que en el mundo del cine, muchos se meten porque pueden llegar, por un lado, a dejar de ser ellos mismos un tiempo, crean otra realidad, y por otro lado, a la vez ven que su persona real les ayuda para hacer personajes irreales. ¿Qué opinas?

Fernando Colomo: Como director, te metes tanto en sus conflictos… es una excusa para conocer otros mundos. Es un pretexto para investigar a los demás. Dependiendo si es guión tuyo o no, viertes conflictos propios y así puedes comunicar. En el sentido de que ves feedback, una reacción del público. En realidad te estás comunicando, a un nivel muy amplio. No hablas con cada espectador, pero percibes que a las personas les cambia, les hace reflexionar, y se convierte el director en alguien a quien conocen. Aprovecho estrenos, proyecciones y a veces voy y pago mi entrada para poder ver de cerca cómo reacciona el público, porque además cuando te ven, te hablan, te comentan sobre la película,… hay feedback.
Digamos que se dan conexiones múltiples, no siempre correspondidas, pero no importa.
A las personas que somos introvertidas nos ayuda mucho a comunicarnos.

O.B.H.: Como director, ¿cuáles han sido tus películas más destructivas? ¿Y las que más te han hecho evolucionar en positivo? ¿La que más te ha contagiado de las características de la película y de los personajes?

Fernando Colomo: Quizás las más destructivas han sido las películas con malos resultados económicos, con críticas negativas. Pero además… “Al Sur de Granada” (2002), en esta película se trata un personaje real, y te tienes que enfrentar a ello aunque suponga una dificultad. Hay veces que sufres al rodar, ves a los actores metidos en ese estado de ánimo. Es interesante por no huir de la realidad, porque tiene partes tristes y otras optimistas. Llegas a comprender que puedes superar cosas y que sirve de algo. Mezclas un poco de todo, de lo bueno y de lo malo, tal como es la vida. Y así consigues conectar con el espectador.
¿Las que más me han hecho evolucionar en positivo?
Tigres de papel” (1977). Esta película es un poco autobiográfica. Se tomó por comedia, por autoironía. Era una película un poco melancólica. Fue una forma de terapia, sincera, era la primera que dirigía y escribía, y lo hacía sin pensar en si ibas a gustar o no a las críticas y al público. Yo no estaba con ánimo alto, estás hurgando al escribir, y hubo una reacción muy positiva. Fue cambiar de la noche a la mañana, de repente ya tienes proyectos, eres conocido, y les has gustado mucho.
La mano negra” (1980). También autobiográfica. Es sincera, habla de hechos con personajes reales, y me identifico mucho con el protagonista.
La línea del cielo” (1983). Ésta la hice en Nueva York, sin un duro, con mucha rapidez. Se reflejan mucho mis frustraciones, no me podía comunicar por el idioma, estaba solo, sientes que nadie te mira por ser esa gran ciudad. Pero fue una terapia total, le di la vuelta y me reí de ello, me lo tomé con filosofía y funcionó. Se estrenó allí y tuvo críticas muy buenas. Fue depurativa y curativa.
En estados más tristes, al verlo desde fuera, hacías que se transformase en positivo. Y a la gente le pareció hasta tierna.
El caballero del dragón” (1985). Esta película me tocó del revés, fue la película más cara del cine español en ese momento, y me llevó a deudas importantes. Después de esa, hice con poco dinero, pero como forma de reacción para salir adelante y pagar esas deudas, “La vida alegre” (1987). Fue la más taquillera, y me ayudó a salir de una sensación mala y tener libertad otra vez.
A partir de un punto dejas de contar toda tu vida. Cuando estás más estable, eres menos interesante, y tienes como una época de madurez. Ahí ya empecé con las películas de época, como “Los años bárbaros” (1998). En ésta también me siento identificado, porque son dos jóvenes de posguerra (yo nací en la posguerra avanzada), y me ayudó a entender una realidad social.

O.B.H.: ¿Qué película en el cine en general te ha servido mucho que recuerdes? Para bien, para mal, por verte identificado, por ver una situación personal desde fuera y conseguir pautas para mejorar.

Fernando Colomo: Los 400 golpes” (François Truffaut, 1959). La vi en el cineforum del colegio. Fue descubrir una sensación increíble. Tú estabas acostumbrado a un cine que veías distinto de tu vida, con decorados distintos, como un mundo irreal y lejano. Con ésta, era todo más similar a tu vida, un chico de 14 años, con problemas similares. Fue como una revelación.
Cantando bajo la lluvia” (Stanley Donen, Gene Kelly, 1952). Un estado de ánimo entusiasta, cada vez que la veía, salía con un subidón, por la música, los actores, los escenarios,…
Pierrot el loco” (Jean-Luc Godard, 1965). Es un director duro. Sus películas me hicieron reaccionar, te hace reflexionar, me cambió mi vida porque pensé en volver a hacer cine, hacer yo este cine, me provocaba comunicación, necesitar expresarme. No hay que buscar sólo lo que te eleva automáticamente la moral, como Cantando bajo la lluvia.
Hay obras que te estimulan. El cine ha perdido un poco esa fuerza revulsiva, de sentir que quieres volver a ver la película. Quizás porque hay mucho cine.
O.B.H.: ¿Y en las siguientes categorías de filmoterapia?:

Fernando Colomo: En RÍE: “To be or not to be“; “Con faldas y a lo loco“; “El apartamento“.
LLORA:Cinema Paradiso“; “La vida es bella“.
IMAGINA:Blade Runner” (me gustó por el mundo visual que mostraba, el libro en el que está basado, sobre androides con fecha de caducidad como los seres humanos); “La guerra de las galaxias” (me recordaba a Flash Gordon, yo que había sido muy fan de los comics antes del cine).
CORRE:Con la muerte en los talones” , creo que esta película inauguró un género. En general, me gusta Hitchcock, sus películas son muy obsesivas, como “Falso culpable“. Ha explorado mucho la angustia, como Kafka.
Espartaco“.
GRITA: El terror en general me parece un cine de evasión. Si estás preocupado por una discusión, funciona por comparación, por simulación de angustia, entonces sales liberado totalmente.
Psicosis“.
REFLEXIONA: Las películas de Godard, las películas de Bergman. “Fresas salvajes” me parece una gozada. Son en general películas de un tipo atormentado, con una personalidad nórdica marcada por un estado depresivo.

O.B.H.: ¿Qué otras terapias cotidianas te ayudan, recurres a ellas, sin ser necesariamente ir a un psicólogo?

Fernando Colomo: Yo pinto, generalmente en vacaciones, que tengo tiempo para ello. Es absorbente en el buen sentido de la palabra, pierdes el sentido del tiempo, es terapéutico. Creo en el arte totalmente como terapia.
Todas las actividades que supongan una inmersión, que olvides manías, preocupaciones,… El deporte, yo antes jugaba al hockey sobre patines. Pilates, Taichi, meditación. Sientes las endorfinas, te sientes mejor.

O.B.H.: ¿Qué películas analizarías en Filmoterapia?

Fernando Colomo: Las más personales, que son la primera parte de mi cine, tendría que analizarlas menos porque son mías, parte de mí.
“Al Sur de Granada”: quizás me ayudaría a comprender mejor la complejidad de sentimientos y situaciones.
Me gustaría analizar a Truffaut, que hizo dos películas en las que el mismo actor hace el mismo personaje pero mucho tiempo después, “Los 400 golpes” y “Besos robados”. En ésta última también me vi identificado, porque justo yo estaba haciendo la mili.
“Infiel”: el guión es de Bergman y la dirige Liv Ullmann. Se conocían porque habían sido pareja. Es un guión descarnado, mostraba sentimientos y contradicciones. Es un striptease emocional.
Lynch me crea sensaciones curiosas. Toca el subconsciente, los miedos y terrores, no se preocupa en explicarlos, hace sus películas con gran libertad. “Carretera perdida”, “Mulholland Drive” es inquietante, también “Terciopelo azul”.

O.B.H.: Aquí acabamos, muchísimas gracias por la entrevista. Nos va a servir mucho para Filmoterapia, era justo lo que buscábamos.

Fernando Colomo: Encantado, me parece una propuesta muy interesante lo que estáis haciendo. A ver si esta semana lo veo en el ordenador de mi hijo, que yo no manejo ordenadores. Muchas gracias.

EL DUELO (PARTE I)

Viernes, Febrero 12th, 2010

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La muerte en la vida y en el cine. ¿Cómo la afrontamos? Si nos viene de golpe, si alguien nos hace daño, si la esperamos a corto plazo, si la elegimos y decidimos, si no sabemos si está. Cada acontecimiento de la vida, ahí está en el cine, tan rápido que podría parecer provocado por el propio director.

Igual que existe la vida, tiene que existir la muerte. Es parte de un ciclo necesario, omnipotente y universal. Todo lo que nace, muere. Pero nunca estamos preparados para afrontar una muerte cercana.

Nunca la concienciación es suficiente, ni son alivio las despedidas. Nunca hay suficientes razones para comprender que tocaba turno. Pero quizás es ese golpe tan fuerte e inesperado, tan nuevo e irreal, el que en un momento dado nos deja seguir adelante. Ciegos, sin perspectiva, sin creerte ahora protagonista de tu vida y menos aún, sin creer la ausencia de uno de los personajes principales.

“Es duro, nadie a quien no le haya pasado, sabe lo que es esto, y aún así…”.

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Es dura, de cualquier forma, una pérdida personal. Se necesita ayuda para comprender, muchas veces para comprender que se pueden cambiar los esquemas que hasta ahora teníamos. Y muchas otras veces, esa ayuda se la va fabricando uno a sí mismo de forma instintiva.

El duelo, esa lucha interna y de dentro hacia afuera. Un debate que resulta fundamental para primero poner sobre la mesa lo que ha pasado, qué hemos perdido, de qué manera. Y una vez ahí visible, relativamente comprendido, debatir entre emociones muy fuertes, que darán lugar a estados de ánimo… y a la verdadera contienda que nos llevará a decidir y que llevará meses e incluso años.Nuestro instinto de supervivencia funciona cuando nos creemos al borde.

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El cine da uso de la vida y la muerte de la misma forma que no son pocas las ocasiones en las que puede prescindir de los protagonistas y antagonistas. Puede tratarla sin importancia, dándole salida a la ficción en forma de muertes sin valor. De hecho, los medios de comunicación han llegado a este punto a la hora de restarnos casi toda la sensibilidad al ver y hablar de muertes a diario. Pero muchas veces el cine sí le da un sentido real, tremendamente cercano, doloroso.

Y eso puede servir de mucha ayuda para poner un paréntesis en nuestras vidas y sentirnos comprendidos de manera trascendental, al comprenderlo más como un punto al que todos llegamos y sufrimos, que nadie nos va a quitar, pero de alguna forma se suaviza la angustia que estás viviendo en solitario.

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Os presentamos a continuación una serie de películas que trata distintas formas de duelo ante una pérdida personal.

“Tres colores: azul” (Krzysztof Kieslowski, 1993)

Julie pierde en un accidente de coche a su hija y a su marido. A lo largo de la película el director, Kieślowski, consigue representar muy transparentemente la lucha que mantiene Julie entre querer vivir y querer morir. Mediante el azulado que acompaña toda la película, Kieslowski quiere significar la libertad de vivir la vida en sí misma, en confrontación con otros tonos azules que son su pasado, sus ataduras.

“Las horas” (Stephen Daldry, 2002)// “Wilbur se quiere suicidar” (Lone Scherfig, 2002)

En estas 2 películas se trata el suicidio en 2 formas casi opuestas. Un suicidio consumado, producto de emociones negativas persistentes y obsesivas y un trastorno, frente a continuos intentos de suicidio como grito a la atención, al cambio, a la búsqueda de nuevas condiciones. Wilbur “sólo” necesita transformar su negatividad en una actitud positiva, así se descubre una nueva vida que difícilmente con tus ojos anteriores podías vislumbrar.


“United 93″ (Paul Greengrass, 2006)

Un atentado que todos conocemos. Seguramente, los supervivientes, las familias, los que estuvieron casi allí y los intervinientes, habrán necesitado muchas formas de ayuda, al ser muertes numerosas, repentinas, y sobre todo, incomprensibles. Nadie a quien le ocurra eso puede entender que a ellos, que no han hecho nada, les toque sufrir un castigo en forma de atentado. En estos casos puede haber un duelo muy complicado, con imágenes repetitivas, sentimientos de culpa, bloqueo en la continuidad de sus vidas…

Es posible que para las familias que ayudaron a hacer esta película, como en “Vals con Bashir”, les sirviese de terapia la exposición gradual a los hechos.

“La tumba de las luciérnagas” (Isao Takahata, 1988)

Esta película de animación trata una guerra, muchas pérdidas, y la supervivencia de 2 hermanos pequeños explicada por la fuerza sobrenatural que les lleva a necesitar cuidarse el uno al otro bajo las peores condiciones. No queda otra que seguir adelante, en estas situaciones extremas, lloran la muerte de sus familias y de sus anteriores vidas, de camino a su propia salvación.

“Las invasiones bárbaras” (Denys Arcand, 2003)

Rèmy tiene un cáncer terminal y no consigue aceptar la idea de que en poco tiempo se va a morir. Con la ayuda de su ex-mujer, consigue juntar a sus personas importantes, hacer ciertos detalles pendientes, y así, en un ambiente de despedida camuflada por buenos ratos, todos irán asimilando la idea. Aunque asimilar y vivir nunca es del todo suficiente.

“Mystic river” (Cleant Eastwood, 2003)

Encontrar como padre a tu hija de 19 años asesinada en un bosque, y que no te permitan ver el cuerpo, es el peor de los inicios para poder superar una muerte tan dura. Primero de todo, es tu hija, y no es lo natural que muera antes que tú. Segundo, la han asesinado violentamente y no sabes quién ha sido. Tercero, ante tu estado de ansiedad, lo único que hacen es contenerte, no responderte a la pregunta de si es tu hija, y llevarte a otro sitio lejos de allí, con lo cual, en el momento en que necesitas asegurarte por ti mismo y tener una prueba con tus ojos, no dejan que puedas verla. Y cuarto, es tu amigo el que está llevando el caso, el que no te da la respuesta que quieres oir, y el que ordena que lo alejen, y con este amigo tiene algo pendiente.

Esto puede generar otro duelo complicado, y en este caso peligroso, por el grado de ira, rabia y el instinto vengativo que tiene Jimmy, el padre de la chica. Y no sólo esto, sino que si no se trata bien, puede dar lugar a un trastorno por estrés postraumático.

“Adiós, pequeña, adiós” (Ben Affleck, 2007)

Es éste el caso de la desaparición de una niña de 4 años que es secuestrada. En las desapariciones de este tipo, si son largas en el tiempo, supone una angustia muy profunda y perturbable, ya que cuentas con la esperanza de que esté viva, pero a la vez, con una probabilidad muy alta de que esté muerta y encima no se pueda encontrar el cadáver.

Los ritos funerarios, ya sean religiosos o culturales, muchas veces son necesarios y facilitadores en el proceso de asimilación. Si no hay cuerpo, el rito funerario no se puede hacer, o si se hace, no le otorga la realidad total a la situación y se queda a medias.

En estos ejemplos vemos que el duelo, para bien o para mal, es un mecanismo natural del ser humano, como la costra que se forma en una gran herida. Lo importante es seguir adelante de la forma que el instinto marca, y si es necesario, pedir ayuda. Hay que tener cuidado con los bloqueos en cualquiera de las llamadas fases del duelo, el shock inicial, la culpa, la ira, la tristeza, y la aceptación. Y sobre todo, hay que darse un margen y la “tranquilidad” de que es necesario el tiempo para estar mejor, que no se trata de olvidar, ni de sustituir, sino de hacer calmar una nostalgia muy profunda.

O.B.H.

Filmoterapia

EL MILAGRO DE ANA SULLIVAN

Jueves, Febrero 4th, 2010

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Sobrio, emotivo y sincero film de Arthur Penn que narra la dura e intensa relación de una maestra con su alumna ciega y sordomuda a finales del siglo XIX.

Por un lado Helen Keller (Patty Duke), una niña ciega y sordomuda totalmente descontrolada que aun siendo tratada con amor y afecto por su familia (una rica familia americana de finales del siglo XIX) es considerada como un caso imposible y tratada como un ser deficiente y disminuido.

Y por otro, Anna Sullivan (Anne Bancroft), una profesora rebelde y atormentada, con problemas de visión que es contratada por la familia Keller como un último e imposible intento antes de enviar a Hellen a un internado psiquiatra.

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Helen Keller nunca aprendió las palabras y por lo tanto el lenguaje, un virus la deja sordomuda a la edad de 19 meses no pudiendo apenas integrar ningún sistema de representación en su interior.

Solo un sistema de símbolos puede abrir a Hellen al mundo que le rodea. No habla, no oye,no ve, aprender parece una tarea imposible. Las palabras son símbolos,esto quiere decir que tienen como referente objetos del mundo, externos al lenguaje.Y son las palabras aisladas la que Anna intentará que Hellen Sullivan asimile en un intento de que esta integre en su interior un lenguaje y descubra la realidad que le rodea.


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Siete palabras, siete fortalezas que definen a  Anne Sullivan y Hellen Keller:

Valentía, cualidad indiscutible de Anna Sullivan, que se enfrentara a retos cada vez mayores en su intento por que Hellen aprenda

“Así concibo yo el pecado original. ¡Rindiéndose!” (Annie Sullivan)

Persistencia y disciplina, necesarias en la inabordable tarea de enseñar a una persona desde cero.

“Cuanto tengo que enseñarte tiene un nombre: todo”(Annie Sullivan)

Pasión, una fuerza desbordante que hace que Anne Sullivan se involucre hasta los mas hondo de su alma en su tarea

Vitalidad,la de Hellen Keller, que vive en un mundo sin luces ni sonidos pero disfruta y siente los olores, las texturas, los sabores..

Amor, esencial en la historia y que sienta las bases de la lucha encarnizada de Anne por Hellen

Curiosidad y ganas de aprender, factores clave en Hellen, sin ellos no habrá motivación, y sin motivación no ha habrá aprendizaje

Oportunidad, porque todos merecemos siempre una oportunidad, y tanto Hellen como Anne aprovechan al máximo la puerta que se les abre en sus vidas

Y superación , dos vidas llenas de superación personal,luchar por mejorar,por seguir hacia adelante , por alcanzar retos a veces virtualmente imposibles.

La verdadera e intensa  historia de Hellen Keller y Anne Sullivan

Helen Keller (*27 de junio de 18801 de junio de 1968) fue una autora, activista política, y oradora estadounidense sordociega.

Helen Keller nació en Tuscumbia, una pequeña ciudad rural de Alabama, Estados Unidos. Su sordoceguera fue causada por una fiebre en febrero de 1882 cuando tenía tan solo 19 meses de edad. Su incapacidad para comunicarse en tan temprana etapa de desarrollo fue muy traumática para ella y su familia, debido a esto, estuvo prácticamente incontrolable por un tiempo.

A pesar de sus discapacidades, muchos años después daría discursos acerca de su vida, e incluso escribiría libros sobre sus experiencias personales. Todo esto fue posible gracias a la gran ayuda e influencia de su institutriz Anne Sullivan, quien le enseñó a leer y comunicarse con los demás, junto con llevar una vida disciplinada.

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Por un tiempo, Sullivan dio clases a Helen en una cabaña ubicada en la propiedad de la familia, para que no se separara de sus protectores padres. Sullivan permitía que Helen tocara las cosas y entonces deletreaba, lo que el objeto era, en la mano de Helen. Así, Helen aprendió a leer.

Para enseñarle a hablar, Sullivan ponía la mano de Helen en su garganta para que pudiera sentir las vibraciones creadas al comunicarse. Sullivan hacía que Helen tratara de formar estas mismas vibraciones. Este procedimiento se utilizó para enseñarle a Helen a hablar desde joven.

Eventualmente Helen Keller fue a la Universidad de Radcliffe y se graduó con honores, siendo la primera persona sordociega que podía alcanzar el reto de presentarse y transitar en una Universidad.

Publicó su primer libro en 1902, “La Historia de Mi Vida”, el mismo que fue redactado por John Macy.

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Anne Sullivan fue su profesora personal, y amiga de toda la vida. Anne le ayudó primero a controlar su mal genio, y después le enseñó a leer, en primer lugar con el alfabeto manual táctil y más adelante, con el sistema Braille, a escribir de forma normal y a través de las máquinas de escribir en Braille.

En 1904 en la exposición de San Luis habla por primera vez en público.

Helen y Anne iniciaron en los años siguientes una gira de charlas y conferencias sobre sus experiencias. Helen contaba su vida y su discurso era interpretado frase a frase por Anne Sullivan, lo que siempre generaba sesiones de preguntas y respuestas acerca de sus historias. A causa de sus viajes, Helen y Anne buscaron una nueva forma de vivir a través de sus conferencias y la venta de sus obras literarias.

En 1918 la demanda de sus obras había disminuido, pero ellas seguían viajando con más interés, mostrando las cosas increíbles de Helen, como la primera vez que entendió el significado de la palabra “agua”. Ese año Helen, Anne y John (Esposo de Anne), se trasladaron a Forest Hills en Nueva York. Helen usaba su nueva casa como la sede para consecución de fondos de la Fundación Americana para Ciegos. Ella no solo recolectaba dinero, también hacía campañas para mejorar la calidad de vida y las condiciones de las personas ciegas, quienes eran rechazados y erróneamente educados en asilos. Su insistencia fue uno de los factores importantes para que las condiciones de éstos cambiaran.

En 1964, Helen fue galardonada con la Medalla Presidencial de la Amistad, el más alto premio para personas civiles otorgada por el presidente Lyndon Johnson. Un año más tarde fue elegida como La mujer del “Salón de la Fama” en la Feria Mundial de Nueva York.

Poco antes de su muerte en 1968, a la edad de 87 años, Helen Keller le dice a un amigo: “En estos oscuros y silenciosos años, Dios ha estado utilizando mi vida para un propósito que no conozco, pero un día lo entenderé y entonces estaré satisfecha.”

(extracto de Hellen Keller,wikipedia)

El milagro de Anne Sullivan, 1962: 2 Oscar: mejor actriz (Anne Bancroft), mejor actriz secundaria (Patty Duke) / Drama biográfico / SINOPSIS: Una profesora con una infancia traumática trata de educar a una niña sorda, ciega y muda. Un oscuro complejo de culpabilidad, por la muerte de su hermano, impulsa a la pedagoga a redimirse mediante la educación de la niña. Cuando llega a la casa donde vive la joven se encuentra con una familia que ha mantenido a la niña a su antojo, ante la incapacidad de los padres para poder educarla. Hellen es considerada como una desgracia de la naturaleza que no tiene remisión y con la cual es imposible entablar cualquier comunicación. Tan sólo la madre es quien mantiene una leve esperanza. La adolescente, por su parte, vive en un mundo propio completamente ajeno. No sabe cómo romper esta burbuja hasta que llega Ana Sullivan, quien con mucha paciencia y rigor se encargará de su educación. Pero que Hellen pueda llegar a comunicarse haría falta un milagro. (FILMAFFINITY)

“Es recurrente en historias de este tipo caer en la lágrima fácil y en el sentimentalismo barato, pero Arthur Penn no solo no cae en esta tentación sino que desnuda la historia de emociones dejando en muchos momentos paso a la frialdad de los gestos y las palabras de sus protagonistas.

Las emociones quedan en manos de las dos protagonistas, Helen Keller(Patty Duke) y Ana Sullivan(Anne Bancroft)en un frontal y pasional tete-a-tete interpretativo que se convierte en el catalizador emocional de la historia.” (Lonegan)