Editada por HODGSON & BURQUE psicólogos

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Cine, coaching y psicología

11+1 errores mentales que nos influyen en las relaciones (y en el grupo). Parte II

 

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Continuamos nuestro especial sobre los los errores mentales de nuestro cerebro (los sesgos cognitivos). Si el otro días analizamos aquellos errores que nos llevaban a tomar malas decisiones en la vida, hoy queremos centrarnos en aquellos sesgos que nos distorsionan las relaciones interpersonales y grupales, vamos a decir que son un fallo en nuestro “software” más social del cerebro. Y la verdad es que es fundamental conocerlos porque son la causa de muchas dinámicas de grupos que explican desde las guerras hasta el funcionamiento de las sectas, pasando por los hooligans, los partidos políticos, las pandillas de adolescentes, el adoctrinamiento de masas o el funcionamiento de las empresas. Si somos conscientes de ellas, daremos un paso de gigante para ser más libres en los grupos y ganar más autonomía y bienestar personal. El próximo día acabamos este especial con los recursos necesarios para trabajar estos sesgos cognitivos y librarnos ( en la mayor medida posible) de ellos.

ESPECIAL SESGOS COGNITIVOS:

1. El miedo y la toma de decisiones en la vida (que podemos aprender de las elecciones americanas y Donald Trump)

2. 15 Errores mentales que nos hacen tomar (muy) malas decisiones en la vida. Parte I

3. 11+1 errores mentales que nos influyen en las relaciones (y en el grupo). Parte II

4. Cómo aprender a ser más libre, menos influenciable y decidir mejor en la vida

 

 

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1. Poder corrupto. El ser humano con poder es fácilmente corrompible cuando se siente con plena libertad y sin restricciones dentro del grupo. Además, este sesgo aumenta si el individuo se ve reforzado moralmente, se siente atacado o tiende a otros prejuicios que le ayudan a justificarse. Un experimento clásico realizado en torno a este sesgo fue el de la cárcel de Stanford, se creó un escenario imaginario en una cárcel ficticia en el sótano de la Universidad y se dividió a los voluntarios (estudiantes de psicología) aleatoriamente entre agentes y prisioneros. Los voluntarios situados en el grupo de agentes, interiorizaron de manera inmediata el poder y realizaron fuertes abusos a los prisioneros (el experimento se tuvo que parar enseguida debido al descontrol de los voluntarios). Una película muy interesante que va más allá de este experimento y de la que tenemos un crítica en Filmoterapia sería DAS EXPERIMENT (Por cierto, este sesgo también se le llama popularmente el «síndrome del portero de discoteca»)

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2. Sesgo de atribución. Esta es una visión distorsionada de nosotros en comparación con los demás (en donde siempre salimos ganando). Por ejemplo, creemos que nos han subido el sueldo porque somos buenísimos trabajadores, pero que a Pepito se lo han subido porque tiene enchufe. O creemos que conducimos muy bien y la culpa de nuestros frenazos es de los demás conductores (cuando realmente somos unos desastres conduciendo). También tendemos a pensar que nuestra personalidad, nuestra inteligencia, conducta o creencias son más sanas que las de los demás (Por ejemplo, pensar que somos muy buenas personas cuando realmente somos bastante cretinos).

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3. Efecto de la primera impresión. Percibimos, recordamos y damos más importancia al primer contacto con alguien que a los siguientes, aunque los siguientes contactos puedan contradecirlo o atenuar su valor. Cuando te presentan a María y tiene mala cara, ya te quedas con que María es una persona con mala cara, triste y aburrida aunque luego te demuestre que es una persona muy divertida y alegre (y resulta que que ese dia se le había muerto su abuelo y por eso estaba asi). Es muy difícil escapar de esta primera impresión ya que con solo 10 segundos diez segundos de contacto ya nos formarnos una idea general sobre los demás (muchas veces basadas en prejuicios).

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4. El efecto halo. Este sesgo tiene lugar cuando nos llama la atención un aspecto positivo o negativo de una persona y lo sobregeneralizamos al total de esa persona. Por ejemplo, es muy típico pensar que la gente guapa es más inteligente y más buena que las personas menos atractivas, a pesar de que obviamente una cosa no tiene que ver con la otra. O por ejemplo, si ves a una persona vestida con ropa islámica y con una barba asumes en seguida que es un extremista radical. Además luego aparece el efecto de la primera impresión que vimos antes y es muy difícil quitarte esa idea de la cabeza (aunque ese musulmán sea un pacifista, premio Nobel de la paz y sea la persona más tolerante del mundo).

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5. Obediencia a la autoridad. Esta es la tendencia a obedecer a una figura de autoridad en un grupo aunque tengamos razones racionales muy poderosas para no obedecerle. La explicación evolutiva está en el grupo y la necesidad de seguir un líder ante situaciones de peligro. Pero claro, los inconvenientes son muchos. Eso explica cómo las personas siguen a líderes sin plantearse ningún dilema y realizando incluso actos muy crueles en nombre de la autoridad. Si una autoridad nos permite violar la ley e incluso traspasar los límites de nuestra moralidad, sentimos propensión a hacerlo, tal y como intentó demostrar el experimento de Milgram en 1963. Ejemplos hay muchos: el nazismo, las barbaridades cometidas por soldados en las guerras o las tomas de decisiones aberrantes e inmorales de tantas empresas.

 

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6. El sesgo de la responsabilidad externa. El ser humano tiende a sentirse tranquilo y reforzado cuando se convence de que no es responsable de sus actos trasladando esta responsabilidad a agentes externos como a Dios, al destino o al líder del grupo. Es decir, este sesgo hace que “Nos lavemos las manos” con una facilidad inaudita al depositar nuestras conductas fuera de nosotros. La razón evolutiva de este sesgo hay que situarlo de nuevo en el grupo, el ser humano desarrolló un mecanismo que facilitase la asimilación y permanencia agradable con los líderes, tendiendo a entregar y anular la propia voluntad individual. Ya vimos antes que esta tendencia humana de anularse en el grupo se observa en otros sesgos como el de obediencia a la autoridad y también en muchos aspectos documentados en los que una persona elige libremente el estado de esclavitud (por ejemplo, el llamado síndrome de Estocolmo ).

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7. Efecto Bandwagon o efecto de arrastre. La probabilidad de que adoptemos una creencia o conducta es directamente proporcional a cuántos otros ya la tengan. El ser humano tiende a seguir o imitar las acciones y pensamientos de los demás aunque no sea cierto, porque preferimos ajustarnos a lo malo conocido (del grupo) que lo bueno por conocer. Eso tiene un riesgo al volvernos totalmente gregarios y hacer lo que haga el grupo aunque no estemos de acuerdo.
Os dejo un experimento clásico de la psicología social que yo mismo realicé cuando estudiaba psicología. ¿Cuál de las tres líneas de la derecha mide lo mismo que la de la izquierda?

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¿Fácil, no?Así, tranquilamente mientras lees este artículo ves claramente que es la C¿Pero qué pasaría si las otras seis personas que están contigo en la sala están compinchadas y dicen que es la B, ¿seguirías pensando que es la C? Pues es bastante posible que cambies de opinión por no llevar la contraria al grupo.Si esto pasa en una situación tan simple y evidente, imagínate que pasaría en escenarios grupales más complejos como guerras o conflictos sociales.

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8. Defensa de estatus. Cuando nos sentimos amenazados o en evidencia, los seres humanos tendemos a ponernos a la defensiva y no nos paramos a razonar, atender y reconocer los razonamientos de la contra. Encima, si nos vemos con cierto estatus (cultural, social, económico, etc), tenderemos aún más a negar la mayor y nos defenderemos a muerte de cualquier comentario que le contradiga recurriendo incluso al autoengaño, a la desvalorización y a la negación.

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9. Efecto de percepción ambiental. Somos mucho más influenciables por el ambiente de lo que creemos. Por ejemplo, en un ambiente caótico y deteriorado, las personas tienden a ser más incívicas, más caóticas y también a cometer más acciones vandálicas o incluso delictivas. (Esto explica cómo es posible que mucha gente pierda el control en guerras, saqueos o ambientes muy marginales).

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10. Teoría de la identidad social. El ser humano tiende a anteponer la importancia de pertenencia a un grupo frente a argumentos racionales y objetivos, esto conlleva que con tal de permanecer dentro de un grupo seremos capaces de adoptar ideas erróneas, extremas o las que haga falta. Este sesgo de nuevo tiene un sentido evolutivo puesto que era más fácil sobrevivir dentro de un grupo que de manera aislada pero las consecuencias pueden ser terribles. Pero este sesgo puede ser muy peligroso al distorsionar nuestras decisiones. Esto explica las burradas que hacen los hooligans en el fútbol, los actos extremos de seguidores de partidos políticos o las violaciones en grupo. Además la mayoría de los actos de barbarie se llevan a cabo con más facilidad si se perpetran en el mare mágnum de un grupo. En el cine tenemos muchos ejemplos,uno de ellos sería la película que comentamos en Filmoterapia La Ola en donde se habla de este sesgos (y unos cuantos más): un profesor en Alemania instituye un régimen de extrema disciplina en su clase, restringiéndoles sus libertades y haciéndoles formar en unidad, algo que provocará cambios muy impactantes en sus alumnos.
Además este sesgo nos empuja a analizar más duramente los fallos y errores del grupo rival y a justificar los del nuestro, para no tener que poner en entredicho nuestro esquema de valores. Un ejemplo muy claro aquí sería ver un partido de fútbol y juzgar muy negativamente al equipo contrario (número de faltas, dureza del juego, etc) mientras que somos muy benévolos con nuestro equipo. Esto también pasa en política o en grupos sociales antagónicos (religiosos, raciales, etc). Al final resulta que con tal de autojustificarnos como grupos convertimos la mentira en una dinámica social, y es en ese marco en el que se decide lo que es aceptable o no.

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11.Falso consenso. Es la tendencia a sobreestimar el grado en el que otras personas están de acuerdo con nuestras creencias y comportamientos. Frecuentemente este sesgo aparece en grupos de opinión en los que la opinión colectiva es la misma que la de los individuos del grupo. De esta manera, como los miembros del grupo han alcanzado un consenso interno y raramente encuentran a alguien que dispute ese consenso, tienden a creer que todo el mundo, incluyendo las personas que están fuera del grupo, es de la misma opinión que el grupo. Por ejemplo, podemos creer que lo normal es que todo el mundo sea de izquierdas porque solo hablamos con gente de izquierdas y leemos periódicos de izquierdas.. O que como nosotros, todo el mundo en nuestra empresa piense que esta decisión es la mejor porque la hemos consensuado con unos pocos (que resulta que pìensan los mismo). La consecuencia de este sesgo es que finalmente exageramos la confianza de en nuestras propias creencias, aún cuando éstas sean erróneas o minoritarias.

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11+1. Punto ciego. Y para acabar os dejamos este “metasesgo” que consiste en la tendencia a reconocer el poder de los sesgos cognitivos en los demás, pero creer que a nosotros no nos influyen tanto. Te ha afectado si te has pasado todo el artículo pensando que tu no tienes ninguno de los sesgos que hemos visto y luego añadiendo frases como: “Ves! esto es lo que le pasa a Manolito…y ya sabía yo que esto es lo que le ocurre a Pepito… Ah, mira este, como a mi jefa…”. Pues va a ser que tú también tienes sesgos, tantos o más que los demás.

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Categoría: Recursos psicológicos

Etiquetas: Grupos, Pensamiento crítico, Psicología política, Psicología social, Relaciones, Terapia cognitiva

Etiquetas de cine: Especiales

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